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martes, 14 de octubre de 2025

Yacimiento  Prao de los Judíos en Molina de Aragón (Guadalajara)

Imágenes:10/10/2025 

El yacimiento visitable de El Prao de los Judíos tiene una extensión aproximada de 1.700 mts2, y se ubica en la cota más alta del actual núcleo urbano de Molina de Aragón, junto a la Puerta de Aboga lobos, una de las entradas al albacar de su fortaleza medieval. A pesar de sus reducidas dimensiones muestra una amplia secuencia de ocupación que abarca desde la época Califal hasta los siglos XVI-XVII. Esta circunstancia ha provocado una importante acumulación de elementos constructivos, superpuestos e, incluso, yuxtapuestos unos a otros que es difícil a veces ordenar diacrónicamente.






 

                                      

















Puerta de Aboga lobos






El yacimiento visitable de El Prao de los Judíos tiene una extensión aproximada de 1.700 mts2, y se ubica en la cota más alta del actual núcleo urbano de Molina de Aragón, junto a la Puerta de Aboga lobos, una de las entradas al albacar de su fortaleza medieval. A pesar de sus reducidas dimensiones muestra una amplia secuencia de ocupación que abarca desde la época Califal hasta los siglos XVI-XVII. Esta circunstancia ha provocado una importante acumulación de elementos constructivos, superpuestos e, incluso, yuxtapuestos unos a otros que es difícil a veces ordenar diacrónicamente. En cualquier caso, la secuencia ocupacional de El Prao podría sintetizarse como sigue:

Fase I, que correspondería a la fase islámica (época Califal) y cuyo elemento más representativo es un silo excavado en la roca localizado al exterior del ángulo suroriental de la sinagoga, donde se ha encontrado un conjunto cerámico, datable del siglo X.

Fase II, que corresponde a la fase de repoblación de la 2ª mitad del siglo XII, momento inmediatamente posterior a la reconquista del territorio a los árabes y época de los primeros pasos de la Molina cristiana como entidad política autónoma. Es en este momento donde hay que situar la reconstrucción de la muralla islámica que discurría por este punto y probablemente el de la construcción de una buena parte del conjunto de edificios a ella adosados.

Fase III, la fase hispano-judía, situada entre finales del siglo XIII y mediados del siglo XV. De esta época se han encontrado numerosos ejemplares numismáticos, objetos de hierro, objetos relacionados con la práctica de medicina, elementos epigráficos y lozas mudéjares. A mediados del siglo XIV se advierten sustanciales novedades en el trazado urbanístico del asentamiento y en la funcionalidad del mismo. El Prao, además de residencial, va a adquirir un manifiesto carácter religioso, con la construcción de una sinagoga.

Fase IV, la ocupación post-medieval, cuando entre finales del siglo XIV y la misma expulsión de los judíos en 1492 (finales de la Edad Media), se producen ataques generalizados a las juderías del que este yacimiento no fue ajeno. Es entonces cuando se produce el colapso repentino de la sinagoga junto con una destrucción generalizada de la aljima (comunidad judia), perdiendo el lugar su carácter de asentamiento estable a mediados del siglo XV.

Fase V, durante los siglo XVI y siglo XVII, el yacimiento muestran evidencias de que allí se establecieron algunas modestas viviendas y los edificios que quedaron en pie, incluida la sinagoga, fueros parcialmente reocupados con fines totalmente distintos para los que fueron originalmente concebidos. Después de este periodo, el olvido.

Visitable todos los días del año

Entrada libre 

El yacimiento se encuentra a los pies del Castillo y se llega al mismo a través de la ctra. N-211

Está suficientemente señalado existiendo cartelería suficiente donde se explican las partes del mismo.

Duración aproximada de la visita: 45 minutos.

Se sugiere la utilización de calzado cómodo.

El yacimiento no está acondicionado para silla de ruedas.

Aparcamiento próximo.




lunes, 13 de octubre de 2025

 Palacio de los marqueses de Villel en Molina de Aragón (Guadalajara)

Imágenes:10/10/2025    

Época de construcción: Siglo XVI

Estilo arquitectónico: Renacentistas aragoneses

Visitas:  Solo exterior

Situación

El palacio de los Marqueses de Villel o palacio de los Funes es un palacio situado en la localidad guadalajareña de Molina de Aragón (España). Se trata de un edificio del siglo XVII pero que recuerda los palacios renacentistas aragoneses.

Dirección: Calle Cuatro Esquinas nº 18, esquina con la calle Capitán Arenas.








Situación

El palacio de los Marqueses de Villel o palacio de los Funes es un palacio situado en la localidad guadalajareña de Molina de Aragón (España). Se trata de un edificio del siglo XVI pero que recuerda los palacios renacentistas aragoneses.

Dirección: Calle Cuatro Esquinas nº 18, esquina con la calle Capitán Arenas.

Historia y Descripción

Aunque fue levantado en el siglo XVI, su distribución recuerda más a los palacios renacentistas aragoneses que a las casonas molinesas.

Su fachada muestra el escudo nobiliario de la familia sobre la portada arquitrabada situada en el centro de la fachada principal; sobre el escudo se abre también un balcón. El dintel de sillería y la jamba cuentan con abultados almohadillados de estilo barroco. Cuenta con una galería de arquillos de estilo aragonés y un alero pronunciado.

Sobre la puerta un balcón y un escudo de armas en la parte superior.

La puerta de entrada se abre en el centro de la fachada principal en forma arquitrabada con los sillares que forman el dintel y la jamba decorados con abultados almohadillados, según el estilo barroco de la época.

Protección

Bien protegido por la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español (BOE núm. 155, de 29 de junio de 1985).

 Muralla de Molina de Aragón (Guadalajara)

Imágenes:10/10/2025  

Época de construcción: Principalmente en el siglo XIII, durante el señorío de Doña Blanca Alfonso, aunque la ciudad ya tenía muros desde el siglo XII.

Estilo arquitectónico: Principalmente del medievo (gótico, románico) y del dominio árabe. 

Tipología: Recinto amurallado urbano de tipología militar.

Estado de conservación: Quedan escasos restos, algunos de ellos aprovechados en algunos edificios modernos. 

Visitas: Libre

Situación

La Muralla urbana de Molina de Aragón se encuentra en la localidad de Molina del municipio de Molina de Aragón, provincia de Guadalajara.

A partir del enorme recinto exterior de la alcazaba de Molina, la muralla se fue extendiendo para abarcar la ciudad que progresivamente aumentaba hasta el río Gallo, partiendo de la Torre del Vigía cercana a la Torre del Reloj, siguiendo por el llamado Castil o Castillo de los Judíos, y descendiendo hasta la Puerta del Baño para llegar a la antigua casa de la comunidad del Señorío.
Torre del Vigía cercana a la Torre del Reloj, siguiendo por el llamado Castil o Castillo de los Judíos






Varias puertas daban acceso a la población. Fueron destruidas en el último tercio del siglo pasado y se denominaban Puerta del Reloj, Puerta de Cabras, Puerta de Mogalobos, Puerta de Ruedas,   Puerta del Río, Puerta del Chorro, Puerta de Valencia y Puerta de Calatayud o Real.


Al final de las calles Larga y Samaria, camino de la ermita de la Soledad se encuentra el Torreón de Medinaceli.
Torreón de Medinaceli, al fondo puerta del Baño.

Puerta del Baño

Quedan escasos restos, algunos de ellos aprovechados en algunos edificios modernos.




Torre de Medina
Situación
La Muralla urbana de Molina de Aragón se encuentra en la localidad de Molina del municipio de Molina de Aragón, provincia de Guadalajara.
Historia
El origen de la fortaleza de Molina de Aragón es el alcázar que los árabes levantaron, sobre un antiguo castro celtibérico, y en el que situaron la sede de los reyezuelos del territorio taifa molinés. Sus jefes, como Hucalao, Aben hamar y Abengalbón, resuenan en algunas crónicas árabes de la época. Este último fue gran amigo del Cid Campeador, alojando al guerrero burgalés en sus caminares de exilio entre Castilla y Valencia.
El territorio molinés fue conquistado a los árabes por Alfonso I el Batallador de Aragón, en el año 1129. La disputa del territorio, elevado y frío, despoblado casi por completo, pero estratégico en el dominio de los caminos entre Aragón y Castilla, quedó finalmente para Castilla, y su señorío fue entregado en régimen de behetría a la familia de los Lara.
Estos magnates constituyeron en Molina de los Caballeros un fuerte núcleo poblacional al que concedieron un Fuero, promulgado en el año 1154 por su primer conde, don Manrique de Lara. Se creó un poderoso Común de Villa y Tierra, organización propia de la Castilla meridional, cuya cabeza territorial era Molina, sede del señorío, de las instituciones, de los representantes, del mercado, etc., y protegida por una muralla que fue creciendo a partir de la segunda mitad del siglo XII.
El gobierno de los Lara sobre el territorio y la villa de Molina duró hasta finales del siglo XIII. Luego pasó a ser señorío de los reyes castellanos por la boda de su señora, doña María con Sancho IV.
Las fortalezas molinesas, que han permanecido a lo largo de los siglos muy entero y sin necesidad de restauraciones especialmente llamativas, fueron protagonistas de múltiples batallas, tanto en la Edad Media como en la Guerra de la Independencia y las Guerras Carlistas. Además de haber servido de refugio al Empecinado, y sufrido un incendio violento toda la ciudad en 1810 por orden del general francés Roquet, en 1875 el castillo molinés tuvo que soportar el asalto y destrucción de parte de sus murallas por una fuerte columna de carlistas comandada por el general Vallés. Tras haber servido de cuartel durante todo el siglo XIX, la fortaleza de Molina quedó vacía desde principios del siglo XX.
Descripción
A partir del enorme recinto exterior de la alcazaba de Molina, la muralla se fue extendiendo para abarcar la ciudad que progresivamente aumentaba hasta el río Gallo, partiendo de la Torre del Vigía cercana a la Torre del Reloj, siguiendo por el llamado Castil o Castillo de los Judíos, y descendiendo hasta la Puerta del Baño para llegar a la antigua casa de la comunidad del Señorío.
Varias puertas daban acceso a la población. Fueron destruidas en el último tercio del siglo pasado y se denominaban Puerta del Reloj, Puerta de Cabras, Puerta de Mogalobos, Puerta de Ruedas, Puerta del Baño, Puerta del Río, Puerta del Chorro, Puerta de Valencia y Puerta de Calatayud o Real.
Sus muros están aprovechados en algunos edificios modernos y son interrumpidos por el paso de la carretera que va por el norte de la población.
Al final de las calles Larga y Samaria, camino de la ermita de la Soledad se encuentra el Torreón de Medinaceli, construido para proteger la puerta del mismo nombre. Siempre estuvo aislado, ya que nunca se concluyó la muralla que debería haberlo unido con el resto del recinto fortificado. Su planta es rectangular y presenta construcción similar a la Torre de Aragón, con sillares de piedra rodena en esquinas. En la parte superior hay un amplio arco apuntado de estilo gótico.
Lienzos aislados de muralla del antiguo cerco pueden verse a lo largo de la calle de la armería al pie de las llamadas Peñas de Santa Hibrada, y algunos restos ya muy recompuestos en las paredes que separaban las huertas de Adarve.
Cerca del Reloj, y a un lado de la carretera, asombra ver el grueso de las murallas que allí existen volados con pólvora por los franceses en 1810, y que permanece inclinados y compactos sin que el estrépito y violencia de la explosión consiguiera destrozarlos en pequeños trozos.
Al pie de la Torre del Reloj, puede observarse también una obra de los tiempos del dominio de los romanos o quizás de más remota antigüedad, en los peñones que sirven de base a aquella y a las murallas. Estos peñones están cortados a pico y formando escalones para ascender a otras fortalezas, que los siglos hicieron desaparecer y sobre los que en la Edad Media se edifico toda la inmensa obra de fortificación que se admira en la actualidad.
Aún pueden verse restos de estas antiguas murallas y torreones a la entrada de lo que llaman el barrio Judío, la Puerta Ahogalobos y la Torre de Medina, cerca del puente romano.
Estado de conservación
Quedan escasos restos, algunos de ellos aprovechados en algunos edificios modernos.
Propiedad y uso
Es propiedad del Ayuntamiento de Molina de Aragón, y se destina a uso turístico.
Visitas
Es de acceso libre. Más información en Oficina de Información Turística (Calle de las Tiendas).
Protección
Bien protegido por la declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949 sobre la protección de los castillos españoles (BOE núm. 125, de 5 de mayo de 1949) y por la Ley 16/1985, de 25 de junio, de Patrimonio Histórico Español (BOE núm. 155, de 29 de junio de 1985).

 Monasterio de San Francisco en Molina de Aragón (Guadalajara)

Imágenes: 10/10/2025

Época de construcción: Fue fundado a finales del siglo XIII y en la actualidad el edificio es ocupado por una Residencia de la Tercera Edad, atendida por las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, más otra pequeña parte que aloja el Museo Comarcal de Molina de Aragón.

Estilo arquitectónico: La iglesia del monasterio, construida originalmente en estilo gótico.

Visitas: Vista exterior 

El monasterio de San Francisco de Molina de Aragón fue un monasterio franciscano situado en la ciudad española de Molina de Aragón (Guadalajara).

Iglesia y torre del monasterio de San Francisco.

Vista del monasterio desde el castillo de Molina de Aragón







La torre y el Giraldo de Molina



El monasterio de San Francisco de Molina de Aragón fue un monasterio franciscano situado en la ciudad española de Molina de Aragón (Guadalajara).

Historia del monasterio

Fue fundado en 1284 por Blanca Alfonso de Molina, quinta señora de Molina y Mesa, que era hija del infante Alfonso de Molina y nieta del rey Alfonso IX de León. El monasterio quedó establecido en una zona de la ciudad conocida como el arrabal de San Francisco,​ que quedaba fuera del recinto amurallado. La fundadora del monasterio manifestó su voluntad de ser sepultada ante el altar de Santa Isabel de la iglesia de San Francisco, en el que estaba sepultada su hija Mafalda,​ y dispuso que dicho monasterio debería ser siempre habitado por monjes de clausura, ya que en caso de no ser así pasaría a manos del Cabildo de clérigos de Molina de Aragón.

Blanca Alfonso de Molina también legó al monasterio de San Francisco, para pagar los sufragios por su alma, 5.000 maravedís anuales procedentes del impuesto llamado cabeza del pecho, que pagaban las aljamas judías, y la reina María de Molina, que era hermanastra de la fundadora, confirmó esta donación tras la muerte de aquella, y en 1298 ordenó a Alfonso Ruiz Carrillo, que era el alcaide del castillo de Molina de Aragón, o a los que sustituyeran a éste, que en caso de que los judíos no abonaran esta cantidad serían encerrados en el castillo, y no deberían darles de comer o beber hasta que lo hicieran. Y Blanca Alfonso de Molina también dejó establecido un aniversario anual por su alma, que debería ser celebrado por diez capellanes, y para ello destinó 500 maravedís procedentes de las salinas de Almallá y Traid, aunque posteriormente la cantidad se redujo a 400 maravedís.

A principios del siglo XVI se llevó a cabo la reforma de la Orden franciscana, primero por los Reyes Católicos y posteriormente por el Cardenal Cisneros. No obstante, el guardián del monasterio de San Francisco, fray Gonzalo de Tarancón, se opuso a dicha reforma y se encerró, junto con el resto de los frailes, en el interior del monasterio, manifestando que de allí no los sacaría nadie mientras vivieran, y la situación llegó a tal extremo que en 1525 Carlos I expidió una Provisión Real en la que ordenaba al alguacil de Casa y Corte de Molina de Aragón, Cristóbal Cacho, que ayudado por «Oficiales, Justicias, Caballeros, Escuderos e hombres buenos de la Villa», expulsara del monasterio a los frailes que resistían allí y que, posteriormente, lo entregara a los frailes de la Observancia Regular que serían enviados desde la ciudad de Toledo.​ Y el historiador Antonio Herrera Casado señala en su obra Monasterios y conventos de Castilla-La Mancha, que «una verdadera batalla, como un asedio y asalto a castillo, hubo de librarse». La Hermandad del Espíritu Santo de Molina de Aragón, que agrupaba a los sastres y a los calceteros de la ciudad, tenía su sede en la iglesia de San Francisco, aunque se desconoce la fecha de su fundación.

En noviembre de 1810, durante la Guerra de la Independencia Española, el general francés Roquet ordenó incendiar Molina de Aragón, y la cuarta parte de los edificios de la ciudad quedaron en ruinas, los franciscanos abandonaron su monasterio y éste resultó seriamente dañado. Y en 1836, debido a la Desamortización de Mendizábal, los religiosos fueron expulsados y el monasterio pasó ser propiedad del Estado, que lo convirtió en Hospital Civil.​ La iglesia quedó abandonada durante varias décadas, hasta que en 1886 el monasterio fue ocupado por las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, que crearon un Hospital para personas pobres, al que llamaron Hospital de Santo Domingo. En la actualidad el edificio está ocupado por una residencia de la tercera edad atendida por dichas religiosas y por el Museo Comarcal de Molina de Aragón.​

La iglesia

Originalmente la iglesia del monasterio fue edificada en estilo gótico, pero posteriormente fue reedificada entre los siglos XVI y XVIII, coincidiendo con la época de mayor esplendor de la ciudad.​ Los muros del templo están reforzados con machones construidos con piedra de sillería, y en ellos hay ventanales en forma de arco semicircular.​ Una puerta de gran altura, cobijada por un arco saliente y orientada hacia el norte, permite acceder al templo, y en su remate, de forma triangular, aparece el escudo de la Orden franciscana.

Y sobre la portada de la capilla de la Venerable Orden Tercera, situada a los pies del templo, con ábside semicircular, y construida en el siglo XVIII,​ están colocados los escudos barrocos y de grandes dimensiones de esta Orden.

La iglesia es de una sola nave, y está cubierta con bóvedas de crucería que descansan sobre columnas.​ El presbiterio es recto, y a ambos lados de la cabecera del templo hay sendas capillas de estilo renacentista,​ siendo la del lado del Evangelio, que pertenecía a la familia Garcés de Marcilla, la más destacada por su ornamentación y sus escudos de armas, y la capilla del lado de la Epístola pertenecía a la familia Ruiz de Molina. Y a los pies del templo, y en alto, está situado el coro de la iglesia, que es de grandes dimensiones.

La torre y el Giraldo de Molina

Diversos autores señalan que, aunque no hay documentación sobre ello, el estilo de la torre se corresponde con el de finales del siglo XVIII.La torre de la iglesia es de planta cuadrada y tiene tres cuerpos, dos de los cuales sobresalen por encima de la cubierta del templo. En el cuerpo superior de la torre, que está adornado con capiteles y molduras, están colocadas varias campanas, y la torre está rematada por una cúpula sobre la que descansa una veleta de madera, forrada con chapas metálicas, que representa a un arcángel portando una bandera, que es conocido como el Giraldo de Molina.


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