TRINCHERAS DE LA LOMA EN TORREBAJA (VALENCIA)
Imágenes 12/8/2017
Sendero Botánico de La Loma: un trayecto de pequeño recorrido sobre la ladera norte de este monte, ubicado en la prolongación de la partida de El Montecillo hacia el este, frente a Torrebaja (Valencia). Dicho camino se abrió para valorizar la avifauna que prospera en el entorno, y para hacer posible la visita a los restos de la Guerra Civil (1936-39), consistentes en varias trincheras o nidos de ametralladoras restaurados al efecto.
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Panel con el poema "Tristes guerras..." de Miguel Hernández
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Tristes guerras/ si no es amor la empresa./ Tristes, tristes.//
Tristes armas/ si no son las palabras./ Tristes, tristes.//
Tristes hombres/ si no mueren de amores./ Tristes, tristes.//
Para arribar al lugar pueden utilizarse dos accesos distintos: uno, siguiendo el camino del río Ebrón, atravesando el polideportivo y dirigiéndose luego hacia el molino y ermita de san José –vía Ademuz por el camino de Las Vueltas-; otro, yendo por la avenida de la Presa, para atravesar el río en dirección al Montecillo, zona de montaña que mira el valle del Ebrón:



Partiendo de Torrebaja por la avenida de la Diputación, camino del río Ebrón y el área recreativa -Merendero, pabellón Cavanilles y Polideportivo Municipal-: como decía arriba, al llegar al molino de san José lo circundamos por detrás, ascendiendo por una trocha irregular hasta media vertiente, donde encontraremos el comienzo de la ruta que pretendemos. Hay que seguirla un trecho, caminando entre pinos por un sendero orlado de piedras y enseguida daremos con los restos de las antiguas trincheras o nidos de ametralladoras del tiempo de la guerra. Se trata de unas simples zanjas abiertas en la ladera que comunican con una cavidad posterior labrada en la roca arcillosa, cuya oquedad se prolonga hacia el fondo con una menuda estancia. En esta parte existen dos excavaciones similares, separadas por una corta distancia, labradas en la cota media-alta de la colina: al parecer, su misión fue la de vigilancia y defensa antiaérea durante los bombardeos nacionales que sufrió la población de Torrebaja. Su empleo no está documentado más que con testimonios recogidos entre los vecinos que vivieron los acontecimientos bélicos; pero no hay registros escritos. En correspondencia con este punto de vigilancia y defensa sabemos que en el alto de Los Molares –frente a Torrebaja- también existió un puesto vigía, desde donde avisaban al Estado Mayor de la proximidad de bombarderos, para prevenir a la población de su presencia y se dirigiera a los refugios.





Las estancias excavadas en la ladera permiten suponer que no cabían más de dos o tres soldados o milicianos, que se irían turnando siguiendo un turno de guardias. Aparentemente en las paredes no hay rastro de hollín –aunque éste podría haberse desprendido- lo que hace pensar que no encendían fuego para calentarse: ello que implica que debían pasar mucho frío en invierno, pues la vertiente encara el cierzo. Por otra parte es razonable pensar que no les permitieran encender fogatas, pues se supone eran lugares ocultos y el fuego o el humo hubiera delatado las posiciones.
La guerra civil española en Torrebaja
La guerra civil española (1936-1939) constituyó el acontecimiento más dramático y trascendental ocurrido en España durante el pasado siglo xx —suponiendo un elevado coste en vidas humanas y bienes materiales— hasta el punto que sus efectos se prolongaron durante décadas, marcando a varias generaciones de españoles.
El Rincón de Ademuz, por su proximidad al frente turolense, se vio afectado por el movimiento de tropas para la ofensiva del ejército republicano sobre la ciudad y posterior contraofensiva sublevada (1937-1938). Sin embargo, el pueblo más afectado por la guerra fue Torrebaja, toda vez que en dicha localidad, por su situación y accesibilidad se ubicó el Hospital de Sangre de Torrebaja, el Estado Mayor de XIX Cuerpo de Ejército republicano y el Alto Comisariado de Guerra, razón por la que la población fue bombardeada en varias ocasiones: el Bombardeo de Torrebaja más importante por el número de muertos, heridos y daños materiales tuvo lugar el 26 de noviembre de 1938.
El bombardeo que mayores consecuencias tuvo sobre la población fue el del 26 de noviembre de 1938, que acabó con la vida de muchas personas, entre los que se hallaban una decena de vecinos, algunos refugiados y un número indeterminado de soldados. Los heridos leves fueron también numerosos. Asimismo, derribó totalmente unos veinticinco edificios y dañó gravemente otros, entre los que se hallaba la Iglesia de Parroquial de Santa Marina, que hubo de ser demolida tras la contienda.