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viernes, 17 de mayo de 2024

 Santuario de la Virgen de la Esperanza en Calasparra (Murcia)

Imágenes: 8/4/2023

El Santuario se encuentra en un paraje a 6 km por carretera de la villa. La ermita acoge a dos imágenes de la Virgen de la Esperanza, Patrona de Calasparra, a la que se les rinde culto juntas. La ermita primitiva (XVII) estaba en una de las cuevas sobre el río Segura, abrigo natural de pastores, a la que se le han ido agregando nuevas salas y edificios con la expansión del culto. 






















A la creación de terrazas hasta el río, ha sucedido modernamente la creación de zonas de servicios: parkings, restaurante, hotel, etc. A pesar de las sucesivas ampliaciones sigue siendo un bello lugar de esparcimiento y oración, declarado Lugar de interés geológico.
Una Coronación canónica de las imágenes tuvo lugar en el año 1996. Así mismo un Año Jubilar, que concluye el 21 de diciembre del 2008 fue decretado por el Papa Benedicto XVI. En dicho año el Santuario se cuenta entre los cinco primeros de España, con cerca de un millón de visitantes al año según fuentes de la Mayordomía.
El Santuario de la Virgen de la Esperanza ha sido objeto de interesantes estudios políticos y antropológicos.
CALASPARRA Y LA ESPERANZA: HISTORIA Y LEYENDA
 Como ocurre en cualquier lugar sagrado, el santuario de nuestra señora de la Esperanza tiene una parte de leyenda y otra de historia, la primera extendida entre los devotos, con sus variaciones y sus incongruencias; la segunda, por desgracia, poco conocida y muy manipulada y tergiversada torticeramente.
  Intentando poner un poco de orden en el caso, invitado por la Mayordomía, quiero dejar en este portal una pequeña reseña, fruto de mi trabajo y mi amor por esta tierra, que es mi segunda patria chica, y mi devoción por la Señora, que heredé de mis mayores. Más de tres décadas de trabajo en el rico Archivo Municipal, me han proporcionado muchos datos de nuestra historia, entre ellos, los referidos al santuario y su evolución. Veamos, pues, el camino recorrido por esta institución:
Leyenda.-A partir del concilio de Trento, las devociones se multiplican y difunden. Unas, con publicaciones de sus milagros y hechos relevantes, otras, con el trajinar de sus limosneros, que recorrían las tierras con sus bacines de demanda, sus gozos, romances y sus estampas de devoción, que cantaban las excelencias de cada santuario o advocación.
 En este largo proceso la leyenda ganaba a la historia, copiando tópicos, repitiendo aparecimientos y circunstancias. Hay todo un legendario, con sus romances, con sus estampas, con sus milagros. En el caso que nos ocupa hay dos tipos de documentos que nos ilustran: dos libros y unos gozos.
  El primer libro, “Pensil del Ave María”, obra del padre Córcoles, prebendado de la catedral de Murcia, es de 1730, aunque a mí me llegó en una traslación manuscrita del XIX, que conserva el Archivo Municipal de Murcia. En él, el bueno de don José da repaso a las tradiciones que le informaron en el pueblo. Dice que es tradición antigua que la Virgen se apareció a un penitente que hacía allí vida eremítica en la cueva, y le pidió que le edificaran una ermita con la advocación de la Esperanza. Aprovecha la ocasión para dar una versión disparatada de la etimología de la villa y para describir el estado de la cueva y sus dependencias. Lo que sí deja muy claro es la existencia de una sola imagen y la devoción que ha ganado en la comarca, de donde acuden muchos peregrinos que dejan sus exvotos. Dice así:
“...la manifiestan y dan testimonio de esta verdad las presentallas que penden de las paredes de la hermita. Alli se ven cabezas, piernas, brazos, y otras hechuras de cera, señales que nos aseguran que esta divina Señora es el alivio de todo genero de enfermedades”.
*Presentalla, nombre medieval del exvoto.
 El otro, casi coetáneo, “Descripción Corográfica”, es obra del cronista franciscano fray Pablo Ortega, que solía informarse personalmente de sus datos, por lo tanto, bastante fiable. Habla con exactitud de medidas de la cueva; hace apreciaciones de la abundancia de peregrinos de todo el arco geográfico y del marco local que está viendo, resaltando la maravilla de la naturaleza. Sigue hablando de una sola imagen y actúa como historiador profesional, calificando como no auténticas las distintas leyendas sobre la aparición:
“...como he dicho, tiene el título  de la Esperanza, solo hay que decir de su aparecimiento y circunstancias que no hay cosa auténtica, y como se funda en tradiciones, son estas tan varias, que no se puede sentar el pie con seguridad, como singularmente experimentamos en sucesos de esta esfera”.
 Lo que sí ratifica es el calificativo de milagrosa a la imagen y reseñar la impresionante afluencia de peregrinos de todos los contornos y sus exvotos.
En cuanto a los gozos, de trata de un pliego con unas composiciones que se cantaban, sobre todo en la Corona de Aragón, a los santos, cristos o vírgenes de devoción particular, con una parte cantada y otra rezada, incluidas preces en latín.
En el caso que nos ocupa, lleva una orla grabada, así como la más antigua representación de la imagen, solo la original de vestir, acompañada de dos ramilletes grabados.
 En la parte cantada cuenta una de las leyendas más conocidas: la del colmenero y la promesa de la cera. Fue impreso por la casa Belda, de Murcia, especialista en todos los temas devocionales, y publicado en fotografía en la monografía dedicada al santuario en 1996.
 De las publicaciones posteriores hay que señalar que prima lo legendario, dando bulos como que la imagen pequeña era una virgen de arzón o disparates similares.
 Solo los libros que se han publicado recientemente, acuden a las fuentes documentales, usándolas aún con cierto miedo a enfrentarse a la tradición devota. De todos ellos, damos bibliografía al final.
Historia.- Calasparra, como cualquier población del arco Mediterráneo, goza de un amplísimo panorama histórico, tanto por las fuentes históricas y documentales, como por los abundantísimos yacimientos arqueológicos.
 El escenario donde su ubica el santuario tiene todos los elementos para gozar de esta antigüedad, y en ella hunde sus orígenes.
 Ya el padre Ortega habla de su antigüedad, fijándose en los humos y negruras de techos y paredes, que él asocia a tiempos antes del diluvio bíblico
 El visitante que tenga un cierto conocimiento de Historia, se llevará la impresión de que este rincón privilegiado ha sido lugar de asentamiento humano desde antiguo.
 Justo frente al santuario, sobre un cerro amesetado de la margen izquierda, hay un importante asentamiento hispano romano, edificado sobre cimientos más antiguos. Conociendo la vida religiosa de dicho periodo, no es ningún disparate aventurar que las cuevas del otro lado fueron su lugar sacro, asociado a alguna ninfa del agua y de la salud.
 Lo que sí es cierto y documentado es que el lugar, en la Edad Media, se llamaba La Fuensanta, la fuente santa que mana casi “gota a gota”, en feliz expresión de don Enrique Rius, el maestro poeta, y que recibía algún tipo de veneración. Precisamente por eso, las autoridades sanjuanistas –señores del terrazgo, en lo temporal y espiritual- prohibieron a los pastores la estancia en dicha cueva de La Fuensanta, en tiempos del comendador frey Juan Jufre de Loaysa, a fines del XVI.
Una autoridad sanjuanista sería el fundador de la ermita. No conocemos la fecha exacta, pero si tenemos la pinza que la fija: junio de 1602 y abril de 1609, llegada y muerte del protagonista: frey Alonso Benítez de Munera.
 La referencia de las fechas nos establecen, la primera, el momento de llegada a la villa de frey Alonso, como prior y vicario, procedente del mismo cargo de la villa mudéjar de Archena, enmarcada en la encomienda de Calasparra, cuyo comendador autorizó la permuta; y, la segunda, el primer documento (por ahora) en que se refleja la existencia de la ermita. Se trata del cuaderno oficia de visita a la encomienda, realizada por los visitadores de la Orden y que dice así:
-“-Visita de la Hermita de Nuestra Señora de la Fuensanta
-Este dicho dia (21-abr-1609) visitaron y bieron por uista de oxos la Hermita de Nuestra Señora de la Fuensanta, la qual fundo he hizo por devoción el Licenciado Benites de Munera, Prior y Bicario de esta Uilla, la qual esta con mucha deçençia y deuoçion. Y esta bien reparada”.
Esta pinza se ve acortada por el testamento de Elvira Pérez, que en 25-jul de 1608 le deja un real de limosna a la ermita, con nombre de Esperanza.
 Recalco lo del nombre, porque en los primeros momentos hay diversidad de denominación, oscilando entre Fuensanta (por la fuente), de la O, de la Buena Esperanza o de la Expectación, todas las advocaciones que recibe la “Virgo Paritvra” que, a partir de 1617 se venerará en ella. Una imagen de vestir que muestra a la Señora esperando el parto, con las manos juntas (en el grabado de los gozos) o brazos abiertos, como terminaría prevaleciendo en las representaciones plásticas del XIX.
En  19-jul de 1617, Juana Sánchez, viuda del administrador del salero, natural de la villa, hace testamento para entrar en la Venerable Orden Tercera de los franciscanos. Reparte todo su enorme ajuar de objetos religiosos entre parroquial, ermitas y cofradías, donando a la ermita la que sería su imagen titular durante casi dos siglos, junto con su ajuar. Dice así:
“-Ytem, MANDO SE DE a la ermita de la Fuensanta vna ymajen que yo tengo de madera, de Nuestra Señora, rostro y manos de madera, con sus bestidos. La qual sirba en su altar mayor, de la adbocaçion de Nuestra Señora de la O, o de la Esperanza. Y de alli no se saque, para sienpre, en manera alguna, porques ansi mi boluntad.” (Mayúsculas y subrayado mío
Como podemos observar, la advocación de la ermita aún es “Fuensanta”, mientras la advocación mariana dualiza en dos calificativos que vienen a ser la misma cosa: “La Virgen que ha de parir”.
 Ya tenemos los dos elementos fundamentales, pero, antes de seguir adelante, hay que hacer unas aclaraciones muy importantes:
-a) Calasparra, desde 9-jun-1289 pertenece a la Orden de San Juan de Jerusalén, que tiene el señorío temporal y el espiritual, representado en su comendador. Esto quiere decir que las leyes de la Orden son las únicas aplicables. Por ello una ermita, aunque se levante por un particular, pasa inmediatamente a poder de la Orden, siendo el ayuntamiento el encargado de su patronazgo; del mismo modo es “nvllivs dioecesis”, no perteneciendo a ninguna diócesis, siendo exenta del obispado de Cartagena, que no tiene ninguna autoridad sobre ella hasta fines del XIX, cuando desaparece el poder de ella.
-b) El concejo o ayuntamiento es el encargado de nombrar mayordomo, ermitaño, capellán y velar por sus necesidades materiales y económicas, encargado de llevar las cuentas, que habrán de presentar a los “Visitadores” de la Orden cada cuando hagan la preceptiva “Visita”.
-c) Los Visitadores son los inspectores (un seglar y un eclesiástico, comendador y freire) que periódicamente visitan el termino, informando de todos los bienes y dependencias, de su estado, necesidades y administración. Sus informes, “Vistas de ojos”, son un material precioso e incontestable para conocer la historia. Referentes a imagen y ermita tenemos muchos y clarificadores.
-d) Ermitaños y capellanes son los encargados inmediatos, nombrados por el concejo, velando por el culto y la difusión de la devoción mediante las demandas de limosnas y publicación de leyenda y milagros. Desde muy pronto, esta devoción se extiende por la comarca, el reino de Murcia y el arcedianato de Alcaraz.
 Por último, antes de dejar una larga reseña histórica, hay que destacar que el hecho de utilizar una cueva como soporte y protección, es una vieja herencia de las antiguas religiones y una garantía para la mejor conservación de los edificios de culto, iglesia, y servicio: casa de ermitaño y albergues para peregrinos y sus cabalgaduras.

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