Vistas de página en total

sábado, 22 de marzo de 2025

Cartuja de Ara Christi en El Puig (Valencia)

Imágenes: 22/3/2025

La cartuja de Aracristi es un monasterio cartujo de España fundado en 1272 perteneciente al municipio de El Puig, cerca de la sierra Calderona, en la Comunidad Valenciana. 


Se ubica junto a la carretera vieja de Barcelona, en el cruce con la carretera de Náquera.



Como muchos de los edificios religiosos de esa época levantados en despoblado, la Cartuja de Ara Christi dispuso de elementos fortificados para su defensa. La mayoría han desaparecido al perder su utilidad y con las sucesivas reformas, aunque aún pueden distinguirse varios de ellos, destacando especialmente una sólida torre defensiva, de planta cuadrada, que se levanta en la esquina Noreste del recinto murado.


Torre Noreste.



Muro Noreste
Puerta de entrada.











Historia

La historia de Aracristi empieza el 2 de noviembre de 1582 cuando Elena Roig, viuda del caballero valenciano Gaspar Artés, delante del notario Jaume Cristòfol Ferrer y de los presbíteros de Valencia, Pere Marco, Marc Didago y Maties Rene, manifiesta encontrarse indispuesta, pero con buen talante y palabra y, al mismo tiempo que revoca y anula todos los testamentos, codicilos y otras últimas voluntades hechas antes, redacta su último testamento según su deseo, testamento que es la causa de la construcción de la nueva cartuja. De treinta cláusulas que en total tenía el testamento, destacan por su futura trascendencia la segunda y la decimoquinta. Estas hacen referencia en el lugar elegido para su sepultura (junto a la de su hermano) a la cartuja de Valldecrist, además lega al mencionado cenobio la alquería situada cerca del Puig, renombrada de mosén Roig, que incluye todas las tierras y un molino harinero, además de las pertenencias que allí se encuentran.

Elena Roig, hija de Tomàs Roig y hermana de Cristòfol y Joaquim Roig, formaba parte de una familia acomodada de la ciudad de Valencia. Seguramente cuando hace el testamento sus parientes directos (padres, hermanos y esposo con quien no había tenido descendencia) ya habían muerto, acumulando Elena todos sus bienes. Esta, viendo que su fallecimiento estaba próximo, pensó dejar su gran herencia al resto de familia, personal de servicio, religiosos, parroquias, conventos, etc., todo expuesto minuciosamente a las cláusulas del testamento. De todas maneras, la donación de la Alquería a la cartuja de Altura es la particularidad que más destaca, así como las condiciones impuestas por la testadora y el orden de prioridades a la hora de heredar la hacienda en caso de renuncia de los cartujos.

Todo indica que Elena Roig tenía una vinculación especial con estos monjes, supuestamente por influencia de su hermano Cristòfol, que era inquisidor apostólico en Zaragoza y chantre de la Catedral de Valencia. Pero la heredad nunca pasó a los frailes citados, debido a que el 19 de agosto de 1584, hizo un codicilo al testamento ante el notario de Valencia Joan Miquel.

Supuestamente, esta dama de profunda religiosidad estaría relacionada estrechamente con algunos de los personajes que aparecen de manera frecuente en la documentación y bibliografía referidos a la fundación del Puig, contactos que influirían en los cambios cualitativos del testamento. Este círculo de amistades lo formarían el ermitaño Pere Muñoz, el franciscano Jaume Sanchis, el dominico fray Doménec Anadón o el jesuita Martí Alberro, entre otros, e influirían el ánimo de Cristòfol, su hermano, a la hora de sugerir en su último testamento la cesión de las propiedades a Valldecrist, y especialmente de Elena Roig, a la hora de respetar la posible idea del religioso y después cambiar de parecer. Sobre todo fueron los consejos del jesuita y confesor de la testadora, expresados en forma de sueños, y también la persuasión de su amiga Isabel Joan Amigó (hermana del futuro prior de Ara Christi, fray Joaquim Amigó), los que trastrocaron el deseo original de Elena, partidaria después de hacer donación de estos bienes a una nueva fundación, Nuestra Señora de Ahora Christi. Del último codicilo citado arriba se desprende que aunque no entraría en vigor hasta después de su muerte (que finalmente ocurrió el 1 de abril de 1585), que la voluntad del legado ya era conocida por los monjes, cuando estos se encargan de solicitar a las autoridades las licencias para la fundación del nuevo monasterio. Finalmente, el 7 de abril de 1585 fray Sanxo Anyó, fray Joaquim Amigó y fray Miquel de Vera (primer prior) toman posesión de la hacienda delante del notario de Valencia Joan Miquel. Este acto quedó refrendado por el capítulo General del Orden del mismo año y por el arzobispo Juan de Ribera el 20 de abril de 1586, un año después.

A partir de entonces empieza la vida del nuevo monasterio, no sin complicaciones ya que la falta de aportaciones económicas (que posibilitaran la estabilidad y el crecimiento del cenobio) y la precariedad de las instalaciones provocó un período largo de penurias para los monjes. Esta situación cambió con los rectorados de fray Pere Mateo (1600-1611) y sobre todo de fray Francesc Almenar (1615-1624). El primero recibió la considerable herencia del obispo de Urgell y antiguo cartujano Andreu Capilla, con que se adquieren las posesiones que los hermanos Lledó tenían frente a la fundación; y también las generosas donaciones del notario Marco Antoni Bernich, con las que se construyó una parte del claustro primitivo. El segundo acometió la planificación y construcción de un nuevo monasterio, siguiendo básicamente el trazado de la cartuja zaragozana de Auladei, lugar de donde venía Almenar. A instancias de esta decisión se convocaron, entre 1619 y 1621, a los maestros de obra Francesc Català, fray Antoni Ortiz, Tomàs Panes, Valer Planes, mosén Guillem Roca, fray Pere Ruimonte y al arquitecto carmelitano Gaspar de Sanmartí, para que trazaran un nuevo monasterio. Después de las pertinentes deliberaciones, se iniciaron las obras, empezando por la iglesia el 6 de febrero de 1621. La primera piedra, sin embargo, se puso el 4 de marzo siguiente. A partir de entonces y superando dificultades, fue completándose la fábrica poco a poco, llegando hasta avanzada la segunda mitad del siglo XVII. Esta obra se convirtió en una de las más singulares de la arquitectura religiosa valenciana en el ecuador de la centuria al asimilar un amplio repertorio constructivo e innovador programa ornamental, reflejo de los avances experimentados por las técnicas y usos edilicios del período.

La vida en la cartuja de Aracristi fue transcurriendo tranquilamente, con excepciones como la Guerra de Sucesión donde los cartujanos se alinearon al bando austracista, o la creación de la Congregación Nacional de las Cartujos Españoles, que suponía la separación de la obediencia a la Grande Chartreuse de Grenoble, hechos a que sucedieron durante el siglo XVIII.

El siglo siguiente empezó con la primera exclaustración, debido a la invasión francesa. La segunda exclaustración vino durante el gobierno del Trienio Liberal y la última y definitiva provocada por la desamortización de Mendizabal de 1835. Desde el año 1999 se ha emprendido la recuperación de la cartuja por iniciativa privada de un grupo inversor - Grupo Ciudadela - que en colaboración con las autoridades locales ha llevado a cabo un profundo proceso de rehabilitación del monumento.

Arquitectura

Durante los primeros años de vida de Aracristi la precariedad económica se debía a que la herencia de la fundadora no incluía ninguna renta para el mantenimiento del cenobio, y por tanto la actividad constructiva fue escasa, pero no nula. En el año 1588 se tiene constancia de trabajos a la iglesia por Joan Casaña. En 1608 se amplía el recinto con la compra de tierras a los hermanos Lledó y el 1611 empieza el alzamiento de tapias y la portería, así como la construcción de un claustro nuevo, participando en estas construcciones Francesc Años, Pere Conde, Pere Della, fray Antoni Ortiz, Tomàs Panes, Joan Salas o Francesc Sayas entre otros.

Sin embargo, el período más importante para Aracristi fue el de 1619-1621, tiempo en que se planifica ex profeso un nuevo monasterio, basado en el trazado de la cartuja de Auladei, , próxima a Zaragoza y construida entre 1564-1567 básicamente por la voluntad del prelado Hernando de Aragón. Con el trazado de Sanmartí, después de que los planos del cartujano Ruimonte fueran reprobados, trasladado en una maqueta de madera por Joan Baptista Vergara, las obras ya no se pararán hasta la finalización completa de la cartuja hacia finales del s. XVII. Del complejo monacal destacan por su valor arquitectónico y su trascendencia artística las siguientes dependencias:

Portería: Después de recorrer un camino flanqueado de olivos, donde antes había cipreses, se llega a la portería. Se compone de un habitáculo de dos crujías con las correspondientes vueltas de arista, pertenecientes a distintos períodos. La primera (1724-1733) es obra del picapedrero Josep Montana y corresponde en la fachada y a la portada principal, pero el cuerpo siguiente es anterior (1611-1612) y está precedido por otra portalada, obra de Pere Conde, Antoni Ortiz y Tomàs Panes.

Su fachada se compone de un frontis de ladrillo visto, remate en la córneos con bolas de piedra de inspiración herreriana, además de un portal sin ornamentación de líneas muy austeras en sus dos cuerpos. Pasada esta puerta aparece una amplia bóveda de arista que anticipa la antigua portería, es una sobria y esbelta composición de piedra de raíz vignolesca rematada con bolas y un nicho en forma de concha que da paso a otra vuelta de arista más modesta. Alrededor de la portería se organizan una serie de dependencias auxiliares distribuidas en una contrafachada de composición sencilla que da acceso a un patio espacioso, a partir del que se desarrolla el recinto eremíticocenobítico propiamente dicho. De este patio destacan la celda prioral en la esquina derecha, el imponente refectorio a la izquierda y la iglesia en el eje central.

Iglesia: Su fachada es muy severa y está rematada con pináculos. Tiene una portada acasetonada muy estilizada, con un remate de un nicho (que no parece original) y tres ventanas para la iluminación interior del templo. Se estructura en tres tramos: un crucero, rematado por una cúpula y la cabecera.

La nave central se cubre por cuatro bóvedas de crucería estrellada y dos simples, donde existen veinticuatro claves de madera doradas y policromadas (1625) por el escultor aragonés Juan Miguel Orliens, y que se superponen a las claves de piedra. Cada tramo de bóveda queda enmarcado por unas pilastras corintias coronadas por finas cartelas en el friso, sobras las que descansa un sencillo arquitrabe. Hoy ya no existen los coros de los conventuales y el altar mayor, pero se conservan la pigmentación original de los paramentos. Como es habitual en los monasterios cartujanos, las seis capillas laterales están separadas de la iglesia, y están unidas simétricamente entre sí por la perforación de los robustos contrafuertes. De esta forma muestran un marcado estilo académico en su configuración. Una espadaña austera de ladrillo, construido entre 1639 y 1640, se alza en la parte este del crucero. Otro elemento destacable de la iglesia es su cúpula, siendo una de las primeras cúpulas extradosadas construidas en tierras hispánicas desde la de El Escorial, , que el año 1631 ya estaba finalizada. Está sustentada por cuatro pechinas esculpidas con cuyos evangelistas superiores se sitúa el tambor, el intradós de la calota y la linterna, todo decorado con los esgrafiados policromadoss, los mejores y más antiguos que se han fechado en tierras valencianas (c. 1642). En la cabecera y el transepto hay cuatro puertas que dan paso al trasaltar y a los dos claustrillos, respectivamente. Es en esta pieza capital de la cartuja donde paritciparon algunos de los artífices más calificados de la época, destacando Andreu Artic, Antoni Badenes, Marc Bonos, Francesc Català, Joan Claramunt, P.Boix, Bertomeu Fontanilla, Urbà Fos, Esteve Gramalles, R. Herrero del Real, Tomàs Mellado, fray Antoni Ortiz, Miquel Oviedo, Francesc Padilla, Tomàs Panes, Jaume Rebull, Doménec Redolat, mosén Guillem Roca, Joan B. Tormo, Antoni Torrera, Joan B. Vergara o Joan Vidal.

Claustrillo de levante: Se accede por la puerta del lado del Evangelio. Está construido con piedra de Godella, como los otros claustros, siendo obra de Pere Azebedo y Antoni Miró. Se estructura en cuatro galerías que repiten la disposición clásica reinterpretada por Serlio de arcos entre dinteles, que vienen a confirmar el uso de una arquitectura austera y desornamentada en el monasterio. Sólo con la erección de las pilastras dóricas en los estribos de los arcos, así como la molduración de las dovelas , el arquitrabe, el friso y la cornisa le dan cierto contraste al mismo tiempo que una plasticidad externa. Alrededor de este espacio se organizan varias estancias:

Capilla de los difuntos: Es un espacio pequeño (6,12 x 1,96 m) rematado por un cupulín cegado al exterior, ataviado de selectos esgrafiados y yeserías de tipo clásico y pigmentación bicolor a base de blanco y marrón.

Torre Vigía del Puig en el Puig (Valencia)

Imágenes: 22/3/2025

La torre vigía de El Puig, también llamada Torreta, es una torre vigía que se encuentra en la costa, a unos 4 kilómetros de la localidad de El Puig, en la comarca de la Huerta Norte, de la provincia de Valencia. Se ubica junto al camino de la playa, su emplazamiento exacto es 39º 34´ 37´´ N y 0º 16´ 31´´ O, situado justo en la línea de costa, a escasos 50 metros del mar, en terreno llano, entre las torres del Grao de Sagunto y del Grao de Valencia (esta última desaparecida).​Está catalogada como Bien de interés cultural, con número de anotación ministerial: R-I-51-0010915, y fecha de anotación 29 de octubre de 2002.


Junto a la playa, a dos kilómetros de la población. Es visible desde la autopista, no habiendo problemas para llegar hasta ella. 


Mantenía contacto visual con la Torre del Grau de Sagunto, por el Norte; y con la Torre del Grau de Valencia, por el Sur.



Torre de vigía costera, de planta circular y forma troncocónica, con fábrica de mampostería de piedras de rodeno.

En ella se observan múltiples aspilleras de diversos tipos. La puerta está a ras del suelo, seguramente abierta este siglo, con un dintel formado por gruesos sillares.




Tiene seis metros de diámetro en su base y una altura de 8 metros y medio. Consta de 3 plantas y está cubierta por bóveda de medio punto. Para su defensa se contaba con dos soldados de a pie y dos a caballo.



La torre vigía de El Puig, también llamada Torreta, es una torre vigía que se encuentra en la costa, a unos 4 kilómetros de la localidad de El Puig, en la comarca de la Huerta Norte, de la provincia de Valencia. Se ubica junto al camino de la playa, su emplazamiento exacto es 39º 34´ 37´´ N y 0º 16´ 31´´ O, situado justo en la línea de costa, a escasos 50 metros del mar, en terreno llano, entre las torres del Grao de Sagunto y del Grao de Valencia (esta última desaparecida).

Historia

Tras la reconquista, por parte de los reinos cristianos, en el siglo XIII, de las zonas de la costa de levante, anteriormente habitadas por musulmanes, se da lugar a un avance muy rápido de actos de piratería, no solo por parte de los berberiscos sino también desde los reinos cristianos a los musulmanes.[4]​[3]​Como reacción a estos ataques de los reinos cristianos y como venganza de la conquista de tierras anteriormente musulmanas, desde el reino Nazarí de Granada y berberiscos del norte de África empiezan a finales del siglo XIII a organizar mucho más la piratería llegando a imponerse en los siglos XIV y XV a la de los reinos cristianos; aumentando mucho, durante estos dos siglos, los ataques berberiscos a las costas valencianas.

La estrategia defensiva contra los piratas estaba basada fundamentalmente en el ajusticiamiento de los piratas apresados, condenándolos a muerte, lo cual resultó muy poco eficiente. También se disponía de una red de vigilancia costera y transmisión de avisos antigua y de dominio local, que suponía a que poblaciones muy pequeñas tuvieran las mismas responsabilidades que otras mucho más grandes, con lo que las primeras no tenían recursos para la realización de las labores de vigilancia. También, desde Valencia, se financiaban flotillas de galeras para vigilar las costas, para seguir y atrapar a los piratas que habían actuado ya en las costas o que pretendían hacerlo, unas veces con más éxito que otras.

Lamentablemente, nada de esto funcionó, ni logró frenar a los piratas berberiscos en sus ataques por toda la costa, incluso con el paso del tiempo se producía un incremento en la actividad de estos ataques.​Así, en 1547, las cortes de Monzón suponen un punto de inflexión en este asunto. En ellas se decidió fortificar el litoral, aunque no se consiguió el permiso para la construcción de torres y atalayas para la defensa de la costa, hasta las Cortes de Monzón de 1552.

La construcción de estas obras estuvo a cargo de un estamento oficial del reino formado por seis personas de cada brazo, real, militar y eclesiástico y fueron financiadas con el impuesto sobre la seda. Y es a partir de este momento cuando se empiezan a construir las torres de vigía, con un sistema organizado de defensa de la costa, que también usó las que ya estaban construidas, hecho que hizo que en 1554 muchas de ellas ya estuvieran construidas.

En 1576 Vespasiano Gonzaga presenta un informe tras visitar la costa del reino de Valencia, en el que se indicaba la necesidad de reforzar las torres vigía. Para ello proponía unos refuerzos en la estructura de las torres, como garitas, para hacerlas más habitables y autónomas(para lo cual sería necesario proveerlas de un aljibe, y quizás un establo para los animales); además de dotarlas al menos con una pieza de artillería, y aumentar por torre al menos a cuatro el número de personas allí destinadas.

La situación donde se ubicaban estaba condiciona por su funcionalidad. Por ello las torres se situaban en acantilados y calas para visualizar posibles lugares de atraques de piratas y corsarios. Cerca de ríos o en zonas de lagunas para poder controlar los lugares de abastecimiento de agua dulce de los atacantes. En playas bajas, cerca de zonas pobladas o embarcaderos, para poder proteger a la población existente en ellas. También se ubicaban en zonas despobladas, donde las invasiones piratas podían pasar desapercibidas, al tiempo que permitía que la comunicación entre torres de diferentes zonas, sí habitadas, no quedara cortada.

Su construcción era sencilla y con materiales propios de la zona. Normalmente se construían sobre una base, que servía de asentamiento del cuerpo de la torre, más macizo. Sobre ello se colocaba la puerta, a la que se accedía solo mediante una escala que, generalmente, se podía retirar (como medida defensiva). Por dentro tenían una o dos estancias cubiertas con bóveda y que disponían de chimenea. Una escalera de caracol permitía ascender a los pisos superiores, hasta llegar a la plataforma superior de la torre.

En cuanto a la planta de las torres, la mayoría era de planta cuadrangular, puesto que eran considerada más fuertes que las cilíndricas( con cuerpo troncocónico, las cuales se ubicaban en los puntos donde era menos posible un ataque directo y hacía innecesaria tanta defensa, aunque algunas de ellas eran más grandes y poseían una mejor fábrica y mejores defensas por estar en puntos donde se podía desembarcar ), y eran las que se ubicaban en zonas con población cercana y en puntos donde era más posible que desembarcaran los piratas y tuviera que ser defendida, como en embarcaderos o desembocaduras de ríos.

También se pueden encontrar torres hexagonales que facilitaban la colocación de artillería y otras que más podían considerarse pequeños castillos por su tamaño.

El sistema de defensa del litoral se regía por unas ordenanzas, las primeras conocidas en 1554 por el duque de Maqueda, las denominadas “Ordinacions de la guarda marítima del regne”. Más tarde Vespasiano Gonzaga publica, entre 1575 y 1578, las “Ordinacions tocants a la custodia y guarda de la costa marítima del Regne de Valencia”, no siendo éstas sus únicas ordenanzas publicadas.

Las torres solían estar ocupadas por cuatro hombres, unos que tenían caballo y vigilaban los espacios entre las distintas torres, llamados “atajadores”, y otros dos, llamados “vigilantes”, que prestaban sus servicios en la misma torre.

Descripción

Se conoce de su existencia desde 1563, fecha en la que se menciona por el arquitecto e ingeniero militar Giovanni Battista Antonelli en su informe para Felipe II, con el nombre de torre de Çebolla. Este nombre de Çebolla es la primera denominación de la población en época musulmana.

En 1585, Juan de Acuña realizó gracias al cual podemos afirmar que tenía matacán sobre la puerta, posiblemente de sillares, y no debía tener, ni aljibe, ni pozo en su interior, de los cuales no necesitaba, ya que muy cerca pasaba una acequia. Siguiendo el mencionado informe, sabemos que esta torre no tenía función defensiva específica (lo cual puede justificar su pequeño tamaño), puesto que las poblaciones de los alrededores están bastante alejadas y protegidas por los marjales de la costa que complicaban el acceso a éstas desde la línea de costa. Quizás por ello el informe no menciona que poseyera pieza alguna de artillería.

Se trata de una torre vigía costera, de planta troncocónica (cilíndrica y ligeramente ataluzada), de piedras rojizas de rodeno, con seis metros de base y cubierta con bóvedas de medio punto. En sus muros se aprecian aspilleras y algunas ventanas.

La fábrica es de mampostería de cal y canto, con sillares en el acceso de la planta baja (donde presenta aberturas en forma de ventana para iluminar el interior). Sus dimensiones son: ocho metros y medio de altura, y seis metros de diámetro de la base.

El interior está cubierto por una bóveda de media naranja (de ladrillo colocados a rosca) con un espacio para acceder a la primera planta mediante una escalera de mano, la cual se podía retirar en caso de entrada del enemigo en la planta baja.

En la primera planta dispone de cuatro pequeñas troneras (largas y estrechas, con jambas muy cortas y dintel arqueado, una de ladrillo y tres de mampuesto con el del muro, estando abocinadas), ubicadas dos a los laterales de la puerta y las otras dos en el lado opuesto, mirando a la costa. Entre las troneras hay unas pequeñas ventanas, de forma de tronera, pero más pequeñas y sin abocinamiento, destinadas a iluminar la primera planta.

La segunda planta, es la terraza, la cual fue totalmente restaurada a principios de los años noventa y actualmente tiene un parapeto muy bajo y unas gárgolas incluidas en la restauración que no son las originales. Este hecho hace que no se pueda saber con exactitud la altura original de la torre, ni si tenía almenas u otros efectos arquitectónicos.

En los años 90 del siglo XX, se llevó a cabo una rehabilitación de la torre. Se repararon partes del muro que estaban derruidos y se afianzaron los demás, utilizándose los materiales originales que estaban a disposición. La terraza fue construida completamente nueva con los mismos tipos de materiales que la original, aunque no reprodujeron el matacán sobre la puerta. Estas distintas partes se pueden diferenciar muy bien en la torre actual.


 Refugios y Trincheras de la Guerra Civil en El Puig (Valencia)

Un complejo formado por trincheras, búnkers, túneles, nidos de ametralladoras y plataformas.

Imágenes:22/3/2025













Un complejo formado por trincheras, búnkers, túneles, nidos de ametralladoras y plataformas.

En la primavera de 1938 las tropas Franquistas avanzaban hacia Valencia, por lo que el Gobierno Republicano tuvo que plantearse una nueva estrategia defensiva. Decidieron construir unas fortificaciones en forma de arco en torno a la ciudad de Valencia.

Esta línea conocida como El Puig-Los Carasoles, también llamada la Inmediata por ser la más próxima a Valencia, tiene 26 km de longitud y discurre por los municipios del Puig, Rafelbunyol, Náquera, Bétera, Moncada, San Antonio de Benagéber, Paterna, La Eliana, Riba-roja y Vilamarxant. Se trata de un amplio complejo formado por trincheras, búnkers, túneles, nidos de ametralladoras y plataformas.

En el término municipal de El Puig se conservan cinco puntos de defensa. Uno de ellos está en la costa y se trata de una batería antiaérea. El resto de puntos defensivos se encuentran en los montes del Cabeçolet, Cabeç Bort, Santa Bárbara y la montaña del Castell, también conocida como la Patà.

La Coordinadora en Defensa de los Bosques del Túria, junto con el Consell Valencià de Cultura  y la Federació Valenciana de Municipis i Províncies han solicitado que la línea defensiva Puig-Carasoles sea declarada Bien de Interés Cultural. Dicha aprobación está pendiente.

Visita a la línea defensiva "El Puig - Los Carasoles" un conjunto de refugios y trincheras de la Guerra Civil.

sábado, 15 de marzo de 2025

 Torreón de las Monjas en Cariñena (Zaragoza)

 Imágenes:  17/8/2023 

Situación

El torreón de las Monjas de la Muralla urbana de Cariñena se encuentra en la localidad del mismo nombre, provincia de Zaragoza.








Situación
El torreón de las Monjas de la Muralla urbana de Cariñena se encuentra en la localidad del mismo nombre, provincia de Zaragoza.
Historia
Cariñena 
Edad Antigua
Aunque no se han encontrado restos del asentamiento original, algunos indicios señalan que ya habitaban los celtíberos en la zona en el siglo III a. C.
La romanización del lugar comenzó tras la caída de Numancia y la incorporación de la región a los dominios romanos. Posteriormente, la fundación de la colonia inmune de Caesaraugusta entre el 24 y el 12 a. C. convirtió la población en un creciente asentamiento rural que abastecía de vino, principalmente, a la nueva ciudad.

Alta Edad Media
Tras la caída del reino visigodo en 711, la villa es ocupada por los musulmanes en el 714, quedando dentro de la Marca Superior de al-Ándalus con capital en Saraqusta. Formó parte de la posterior Taifa de Zaragoza hasta su caída tras la toma de Zaragoza por Alfonso I en 1118.
Incorporación a la Corona de Aragón
Cariñena fue sitiada y tomada en 1119, incorporándose al Reino de Aragón. La ciudad le fue entregada al caballero Pedro Ramón mediante una carta puebla en 1124 como recompensa por su ayuda en la conquista de la misma y con intención de llevar a cabo la repoblación de la zona.
En 1248, por privilegio de Jaime I, este lugar se desliga de la dependencia de Daroca, pasando a formar parte de Sesma de Langa en la Comunidad de Aldeas de Daroca, que dependían directamente del rey, perdurando este régimen administrativo hasta la muerte de Fernando VII en 1833, siendo disuelta ya en 1838.
Durante la guerra de Pedro IV contra la Unión 1347-1348, Cariñena, junto con la Comunidad de Daroca, se mantiene leal al rey, convirtiéndose la villa en lugar de reunión y negociaciones entre el Justicia y el monarca.
Poco antes de la guerra de los Dos Pedros, por orden de Pedro IV en las Cortes de Cariñena de 1357 se refuerza la muralla de la villa ante el temor a que desde Castilla se lancen incursiones contra la zona. Pese a esa previsión, las tropas castellanas conquistan la ciudad el 16 de abril de 1363, arrasándola durante la ocupación, dando lugar a la leyenda que asegura que todos sus habitantes fueron mutilados cortándoles la nariz y las orejas. El historiador Jerónimo Zurita, en sus Anales de la Corona de Aragón, refiere la toma de Cariñena en los términos siguientes: «Y entre tanto se entró Cariñena por combate y fuerza de armas; y —según don Pedro López de Ayala escribe— mandó el rey de Castilla pasar a cuchillo a todos los que estaban en su defensa. Y en otras memorias de aquella guerra se afirma que se señaló más allí el rey de Castilla en mandar ejecutar el castigo y venganza cruelísimamente que en otra parte».4​ El rey de Aragón, como recompensa por la lealtad de la villa, concede el uso de un blasón que después dará lugar al escudo y bandera de la ciudad (lo que explicaría que su escudo incluya un rostro humano con dichos apéndices de otro color).
Finalmente la localidad regresa a manos aragonesas reconstruyéndose el anillo amurallado del que, en la actualidad, solo queda el llamado Torreón de las Monjas.

Edad Moderna
La situación de la villa en la ruta que unía Madrid con Barcelona, a través de Zaragoza, y a su vez su emplazamiento en el camino entre esa ciudad y Valencia la convierte en lugar de paso obligado de las distintas comitivas reales de los Austrias. Así, en 1585, Felipe II, cuyo confesor fray Juan Bernal provenía de una familia de la villa, visita la localidad en su camino hacia las Cortes de Monzón, ofreciéndose en su honor dos fuentes llenas de vino (uno blanco y otro tinto) que darían lugar a la tradición del llenado de la Fuente de la Mora durante la Fiesta de la Vendimia.
En 1599, es el nuevo monarca, Felipe III, el que visita la ciudad, concediendo a la villa diversas prerrogativas judiciales por medio de la mejora de su carta puebla que le conceden una elevada autonomía sobre Daroca.
Sin embargo, la decisión de expulsar a los moriscos en 1609, se convierte en un auténtico problema para Cariñena ya que una parte considerable de la población estaba integrada por este grupo. Su salida a lo largo de los siete años siguientes reduce drásticamente la mano de obra disponible en los campos y el total de la población del lugar, provocando una crisis demográfica de la que tardaría varios años en salir.
En 1701, al inicio de la guerra de sucesión española, Cariñena se declaró favorable al archiduque Carlos de Austria; sin embargo Felipe de Anjou, en su viaje a Zaragoza para jurar los fueros de Aragón hizo una parada en la villa. Carlos III visitó la villa en 1759.
Edad Contemporánea

Siglo XIX
Carlos IV visitó Cariñena en 1802, poco antes del inicio de la guerra de la Independencia Española. Su hijo, Fernando VII, en su regreso desde Bayona tras la caída de Napoleón, se detuvo en Cariñena en 1814.
Durante la guerra de la Independencia, en 1808, siguiendo órdenes del general Palafox, se formó en la villa una compañía de escopeteros para reforzar la guarnición de Zaragoza y asegurar la llegada de suministros desde el suroeste. En 1809 se creó el Batallón de Cazadores del Campo de Cariñena, con tropas reclutadas en toda la comarca, comandadas por el teniente coronel Ramón Gayán, nacido en el vecino pueblo de Paniza.
En 1838, durante la primera guerra carlista, se constituye en Cariñena uno de los cuarteles de caballería que el general Marcelino Oráa creó en Aragón para hacer frente a la insurrección carlista que tenía su epicentro en Morella. La ciudad fue tomada durante unas horas en junio de 1875 por las tropas carlistas asentadas en Cantavieja, durante el trascurso de la tercera guerra carlista.
Pascual Madoz, en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar de 1845, describe a Cariñena en los términos siguientes:5​
Tiene 500 casas, distribuidas en varias calles y plazas; en la mayor de estas se encuentra la llamada municipal ó de ayuntamiento, que es un edificio sólido y de buena arquitectura.

Siglo XX
El 3 de junio de 1909, Alfonso XIII concedió el título de ciudad a Cariñena por dos motivos: su importancia histórica y su adhesión a las instituciones, especialmente por su participación en la guerra de la Independencia (1808-1814); y su participación en la lucha contra la filoxera, que arrasaba los viñedos españoles
Durante toda la Guerra Civil Cariñena estuvo en la zona rebelde. Se instaló en la ciudad un hospital militar en el Colegio de las Monjas de Santa Ana, donde se atendió por igual a heridos de ambos ejércitos, destacando en esa labor la hermana Matilde, de la comunidad de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, quien pidió que, al morir, fuese enterrada con los muertos de ambos bandos que se encuentran en las distintas fosas comunes del cementerio municipal.
Durante la batalla de Belchite (1937), Cariñena se convirtió en un punto de reagrupamiento y abastecimiento esencial en el flanco sur del bando sublevado. Igualmente, durante la ofensiva de Aragón (1938), fue en esta localidad donde se agruparon distintas unidades del general José Solchaga en la nueva ofensiva sobre Belchite.

Siglo XXI
El 23 de septiembre de 2008, los reyes de España, Juan Carlos y Sofía, visitaron la ciudad con motivo de la celebración del 75 aniversario de la constitución del Consejo Regulador de la Denominación de Origen de Cariñena.

Descripción
El torreón de las Monjas es de planta cuadrada y remate octogonal, alcanza los quince metros de altura y cuenta con aspilleras y dos puertas a media altura.
El torreón es el único vestigio del antiguo amurallamiento que Pedro IV mandó reforzar en 1357, previendo el ataque castellano que culminó en 1363 con el asalto y destrucción de la ciudad. El torreón formaba parte de un conjunto de torreones defensivos que estaba integrado por:
Torreón de las Santas, ubicado al final de la calle Granero. Fue demolido el año 1924.
Torreón de la Calle Santiago, se demolió el 17 de octubre de 1901, siendo alcalde Don Antonio Gutiérrez Isiegas.
Torreón de las Sisas, se encontraba frente al actual instituto y fue cobijo de los mendigos en tránsito por la localidad. Fue demolido en el año 1941 y sus piedras fueron empleadas para la construcción de la anterior casa-cuartel de la Guardia Civil.
Torreón de la Fuente, fue subastado el 14 de marzo de 1893, siendo alcalde Don Manuel Ruiz; la subasta, a pliego cerrado fue de 95 ptas. y se pagó por cada piedra 200 ptas.
El Torreón de las Monjas fue sede del Archivo de la Comunidad de Aldeas de Daroca hasta 1870.
El torreón de las Monjas y los restos de la muralla fueron declarados Bien de Interés Cultural en la resolución del BOA el 22/5/2006.
Protección
Bien protegido por la declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949 sobre la protección de los castillos españoles (BOE núm. 125, de 5 de mayo de 1949) y por la Ley 16/1985, de 25 de junio, de Patrimonio Histórico Español (BOE núm. 155, de 29 de junio de 1985).

 Beceite / Teruel / Aragón Imágenes: 6/4/2026  Situación Beceite (Beseit) es un municipio y localidad española de la provincia de Teruel, en...