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sábado, 11 de mayo de 2024

 YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO DE VALERIA (Cuenca)

Imágenes: 9/10/2017

Las ruinas de la ciudad romana de Valeria son un importante yacimiento romano situado en torno de la Hoz del río Gritos en la localidad de Valeria, municipio de Las Valeras, provincia de Cuenca, Castilla-La Mancha (España).







El Ninfeo, en el lado este del Foro.

El Ninfeo de la Ciudad Romana de Valeria, o fuente ornamental, estaba dedicada a las ninfas, las diosas de las aguas y los bosques, y de ahí su nombre.

El Ninfeo estaba en el lado este del foro, donde se encontraba un gran muro, ocupado por unos nichos en los que había estatuas, surgía agua de los orificios y también se encontraba la fuente ornamental, el Ninfeo.

En cuanto al muro, era de 105 metros de largo, el más largo de Hispania, y uno de los de mayor longitud del imperio romano.



muralla y la ermita de Santa Catalina y su necrópolis.




Ruinas de una villa al borde del acantilado
Fue fundada entre el 93 y 82 a. C. sobre terrenos conquistados en la centuria anterior a los pueblos celtas que habitaban la zona. Los restos que se muestran en la actualidad y las menciones escritas indican que fue un municipium importante, la mayor parte de estos restos han sido visibles desde siempre, en especial el edificio más característico: el ninfeo.
Valeria es una de las tres ciudades romanas con las que cuenta la provincia de Cuenca. Desde su fundación siempre ha conservado el topónimo romano que hace referencia a su fundador, Valerio Flaco.
Los trabajos arqueológicos desarrollados en el yacimiento han permitido sacar a la luz uno de los foros romanos más completos de la Meseta.
Valeria prerromana
Anteriormente era una zona de pobladores celtíberos y olcades,3​4​ el área es conquistada en 179 a. C.
Valeria romana
La Valeria romana fue fundada entre el 93 y el 82 a. C. Su nombre tiene como origen el del propio fundador: el cónsul Cayo Valerio Flaco.
La nueva ciudad romana no sustituye a un núcleo indígena importante sino que corresponde a una política de creación de urbes con la estructura al uso.
Plinio el Viejo y Ptolomeo ya la citan:
Carthaginem conveniunt populi LXV exceptis insularum incolis ex colonia Accitania Gemellense, ex Libisosana cognomine Foroaugustana, quibus duabus ius Italiae datum, ex colonia Salariense, oppidani Lati veteris Castulonenses qui Caesarii Iuvenales appellantur, Saetabitani qui Augustani, Valerienses. stipendiariorum autem celeberrimi Alabanenses, Bastitani, Consaburrenses, Dianenses, Egelestani, Ilorcitani, Laminitani, Mentesani qui et Oretani, Mentesani qui et Bastuli, Oretani qui et Germani cognominantur, caputque Celtiberiae Segobrigenses, Carpetaniae Toletani Tago flumini inpositi, dein Viatienses et Virgilienses.
Naturalis Historia, 3-25. Plinio el Viejo
La ciudad romana de Valeria estaba comunicada por medio de ramales secundarios con la vía de Complutum a Cartago Nova y con Ercávica y Segóbriga.
La ciudad en época romana contaba con un perfecto aprovisionamiento de aguas, mediante un articulado sistema de acueductos adaptados o excavados en la roca que vertían en numerosas cisternas y fuentes monumentales de las que se conservan numerosos vestigios como el ninfeo, una fuente monumental de carácter ornamental con dependencias construidas a uno de sus costados, talleres y pequeñas tiendas.
Contaba también con una basílica, edificio civil, donde se realizaban transacciones mercantiles y cambiarias, y un foro de época augústea, edificado con solidez y envergadura, y cuatro cisternas que daban suministro de agua a la ciudad.
Las casas de la ciudad son de dos tipos, unas rectangulares apoyadas en terrazas, y otras llamadas casas colgadas, con huecos abiertos al acantilado que limitaba la ciudad por uno de sus lados, con vigas encastradas en la roca que dejaban la mitad de la vivienda suspendida en el vacío.
Municipium
El recinto amurallado que daba cabida a la ciudad tenía una extensión de 27 hectáreas. Este gran tamaño indicaría que la mayor parte de los habitantes vivían dentro de dicho recinto.9​
Zona arqueológica
Monumentos
Sin duda la gran época de Valeria, en cuanto a su desarrollo urbano, corresponde al siglo I, cuando se acometió la construcción del foro. El conjunto foral se ubica en el centro del yacimiento y lo integran una serie de edificios públicos articulados a distintas alturas en torno a una gran plataforma donde se ubicaba la plaza del foro y, soterrados en la propia plataforma, se encuentran las cisternas.
Al norte se localiza el edificio de la basílica, en el costado oeste el edificio prebasilical o domus publica, el edificio de la exedra (aula de culto imperial) y el criptopórtico. Al sur se sitúa una gran escalera monumental de acceso a la plaza y una serie de tabernas (tiendas) y al este se encuentra el edificio emblemático de Valeria, el ninfeo (fuente monumental) y sus tabernas delanteras. Todo este conjunto se encuentra delimitado por calles.
En las proximidades del foro se localizan las estructuras de la zona meridional, la casa de Adobe. También se cuentan otros ejemplos de urbanismo privado como son la casa del Hoyo y la casa Colgada, antecedente en época romana de las viviendas medievales de Cuenca.
Por último, hay que mencionar, ya de época medieval, la muralla y la ermita de Santa Catalina y su necrópolis.
Los trabajos de excavación se iniciaron en los años 1950, aunque de una manera científica a partir de 1974. Desde ese año, las excavaciones sistemáticas se han centrado sobre todo en el espacio ocupado por el foro de la ciudad, aunque también se ha excavado en otras zonas donde se ha documentado urbanismo privado.
Estos trabajos han permitido conocer la organización del área pública, así como el inicio de su construcción y evolución.
Valeria se ubica en una lengua caliza entre la hoces del río Gritos y del Zahorra, a una altura de unos mil metros. El cerro de Santa Catalina es el punto privilegiado para la observación paisajística del entorno que permite contemplar ambas hoces y la unión de las mismas en su extremo sur. Desde el lado este del cerro se muestran los mejores paisajes del entorno del yacimiento.8
Conservación y protección
La zona arqueológica las Valeras está declarada Bien de Interés Cultural, B.I.C., desde el 28-10-1977, según B.O.E. 18-12-1977.11​
Los objetos encontrados en este yacimiento dieron lugar al Museo de Cuenca. Previamente fueron expuestos en los bajos de la casa consistorial de, la entonces, Valera de Arriba.12​
Parte de las ruinas han estado siempre visibles por lo que no se puede hablar de un descubrimiento de las mismas aunque sí de un comienzo de las excavaciones y de su estudio. Esto ocurrió en 1951 y las encabezaba el alcalde de Valeria, en ese momento Valera de Arriba, Francisco Suay Martínez.
El Tesorillo de Valera de Arriba, también conocido como el tesoro de Valeria, compuesto por monedas de plata data de la época post segunda guerra púnica, cercano al año 185 a. C.13​
Siguen apreciándose edificaciones muy notables en torno al foro como son: el ninfeo, con casi 100 metros de longitud, la basílica y la domus publica. Cabe reseñar que la consideración de lo que parece una galería de desagüe como ninfeo monumental está sujeta a debate. Investigadores como Isaac Moreno Gallo sostienen que no existió tal ninfeo, y que se trata de una canalización abovedada con el fin de evacuar y drenar el agua recogida en las instalaciones forales ubicadas sobre la mencionada canalización.

 

VILLA  DE MORA DE RUBIELOS (Teruel)

Imágenes: 20/11/2022

Mora de Rubielos es una localidad y municipio capital de la comarca Gúdar-Javalambre en la provincia de Teruel, en la comunidad autónoma de Aragón, España. 


Castillo Palacio de los Fernández de Heredia
El Ayuntamiento, de volumen paralelepipédico, es un edificio muy macizo. 

Ex-Colegiata de Santa María
SIGLO XV

CASAS SOLARIEGAS

Primer Portal de Rubielos

Calle principal o carretera de Alcala

Nuevo Portal de Rubielos
SIGLO XIV

Portal de Cabra
SIGLO XVI




Puente de Cabra

Casa García Herranz
AÑO 1750

Puente Viejo o 'del Milagro'

ARCO DEL CALVARIO

ermita de La Dolorosa, s. XVII.

Murallas

Toponimia
La villa en sus orígenes se llamó solamente Mora, posteriormente Mora de Aragón, y, finalmente, la administración la denominó Mora de Rubielos en 1860, para distinguirla de sus homónimas diseminadas por el resto del país.​
El nombre remonta al latín MAURA “villa de MAURUS”, cognomen tardío con tintes cristianos o indicador de origen mauritano, que abunda en las inscripciones. Aparte de los topónimos procedentes de nombres de villas en ANA, INA y ONE, existió otro modelo basado en el empleo del nombre propio sin sufijo, pero con la terminación femenina para darle el valor adjetivo en concordancia con "villa". Este es el caso de Mora de Rubielos.
Historia
Durante la Edad Media, el territorio de Mora fue reconquistado por las tropas de Alfonso II el Casto, siendo hasta la toma de Rubielos en 1204 la posición más avanzada de las fuerzas cristianas frente a los musulmanes del Reino de Valencia. Posteriormente, fue objeto de sucesivas donaciones y ventas; en 1198 Pedro Ladrón recibió la villa y el castillo de manos de Pedro II, pero su sucesor Jaime I la incluyó en la baronía de Jérica, donándola a su hijo natural Don Jaime.
Mora fue ocupada por las tropas castellanas en la guerra de los dos Pedros pero volvió a manos aragonesas en 1364, recibiendo un privilegio de Pedro IV por el que se comprometía a no separarla de la corona. Tal privilegio no fue tenido en cuenta, siendo la villa y castillo vendidos al vizconde de Cardona, Don Hugo, quien, a su vez, los vendió a Blasco Fernández de Heredia en 1367. Finalmente, el linaje de los Fernández de Heredia se instaló en la población y un amplio territorio bajo la fórmula de Señorío, fundado por el Gran Maestre de la Orden de San Juan de Jerusalén Juan Fernández de Heredia.​ En esta localidad estuvo instalada una aduana para la recaudación de impuestos sobre el comercio con Valencia.
A fines del siglo xv los Fernández de Heredia elevaron a Mora con el título de Marquesado y tras la Guerra de Sucesión, como partidaria de Felipe V de Borbón, recibió el título de «Fidelísima» y la flor de lis en su escudo.
Pascual Madoz, en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España de 1845, describe la localidad «dividida en dos partes, llamada una Villa nueva y la otra Villa Vieja, a las cuales separa un pequeño arroyo o barranco; se compone de unas 500 casas de regular construcción, siendo muy notable la del ayuntamiento». En cuanto a su economía, destaca la producción de trigo, maíz, judías, patatas, cebollas y verduras, así como la existencia de ganado lanar. Menciona también la fabricación de bayetas de color café y cómo en el pasado se tejían sayales para las comunidades religiosas, pero que la extinción de éstas había acabado con dicha industria empobreciendo la villa.
Aunque la Guerra de la Independencia y las Guerras Carlistas dejaron huella en Mora, el mayor protagonismo de la villa tuvo lugar durante la Guerra Civil. En una fase de la batalla de Teruel (1937-1938), tras la caída de Andorra y Alcañiz, Mora de Rubielos quedó como capital de la zona republicana.​ Previamente, un episodio de insubordinación en esta villa se había saldado con el fusilamiento de más de 50 hombres de la 84.ª Brigada Mixta (20 de enero de 1938).10​ Para mayo de 1938, el territorio de dominio republicano en la provincia era defendido por un conjunto de las líneas escalonadas de unos cien kilómetros de extensión conocidas como el «Gran Arco de Mora de Rubielos». Conforme avanzó la contienda, Mora cayó en una situación comprometida por el avance del ejército de Franco —quedando dentro de la denominada «Bolsa de Mora de Rubielos»— hasta que finalmente, el 16 de julio, las tropas del general Varela rompieron el frente a la altura de esta localidad.9​ El parte de guerra del bando "nacional" así lo reflejaba: «en el frente de Teruel han llevado a cabo nuestras tropas hoy un profundo... avance en un frente de más de treinta y cinco kilómetros, habiéndose ocupado y rebasado, además de muchas posiciones de gran importancia, el pueblo de Mora de Rubielos».​ Durante unos días el cuartel general del general Franco estuvo en la localidad.
Patrimonio
Antigua colegiata de Santa María
Es un templo de estilo gótico de mediados del siglo xiv construido con piedras procedentes de las canteras de la zona, gracias al mecenazgo de los Fernández de Heredia.7​ Consta de una nave única con capillas dispuestas entre los contrafuertes, siendo su aspecto compacto y sencillez de concepción típicos del gótico levantino. La anchura de su nave es de 19 m, solo superada —dentro del gótico hispano— por la de la catedral de Gerona. La nave se divide en cinco tramos cubiertos con bóveda de crucería, y se cierra mediante cabecera de tres ábsides poligonales de cinco lados, reforzados exteriormente por los contrafuertes.
Al exterior, destaca su portada abocinada, abierta en el tercer tramo del costado sur. Presenta un arco apuntado, con arquivoltas que se apoyan en jambas molduradas.​
El interior es escaso en adornos, limitándose a motivos románicos en las capillas, repetidos rítmicamente, y a algunos ornamentos añadidos en las obras realizadas en 1763. Durante la Guerra Civil, la iglesia albergó talleres militares, almacenes y fue puesto de vigilancia y, finalizada la contienda, quedó en un estado ruinoso. No obstante, su valor artístico hizo que en 1944 fuese declarada Monumento Nacional y, ya en el 2004, fuera declarada Bien de Interés Cultural por el Gobierno de Aragón.
Ermitas
En la actualidad se conservan cinco ermitas en Mora. La ermita de Loreto, construida en 1547 y reformada en 1798, posee una sola nave con dos tramos, cabecera semicircular —conchiforme— y cubierta con bóveda de medio cañón con lunetos.20​ La ermita de San Roque data del siglo xvii y, como la anterior, es de una sola nave en piedra sillar y mampuesto. La ermita de la Soledad es también de nave única y cubierta con bóveda de medio cañón con lunetos.
La ermita de la Dolorosa es de dudosa cronología, si bien la reforma que sufrió en 1969 hizo que perdiese su estructura original. A diferencia de las anteriores, cuenta con un óculo sobre la puerta de acceso así como con una espadaña. Por último, la ermita de San Miguel es un edificio del siglo xviii, de mampostería y piedra sillar para resalte de las esquinas.21​ En el exterior destacan las tejas de cerámica azul de la cúpula y los aleros de ladrillo decorados con dientes de sierra. Fue reconstruida en 1978.
Castillo Palacio de los Fernández de Heredia
El Castillo se alza sobre una plataforma rocosa en lo alto de la villa. De gran magnitud, destaca el edificio tanto en superficie como en espesor de sus muros, lo que entroncaría con el carácter macizo y sobrio del gótico mediterráneo. No fue concebido exclusivamente con una finalidad castrense, sino también residencial, por lo que combina elementos de arquitectura militar con otros de raigambre palaciega y señorial.
Existente ya en 1198, la parte más antigua corresponde al estilo románico del siglo xii —las dos salas situadas bajo el nivel del patio— mientras que las torres defensivas, la capilla y crujías del patio porticado son de los siglos xiv y xv. En la actualidad, alberga el Museo Etnológico y una biblioteca especializada. En verano es sede del «Festival Puerta al Mediterráneo».
Otras obras de arquitectura civil
El Ayuntamiento, de volumen paralelepipédico, es un edificio muy macizo. Su fachada de sillería corresponde al estilo herreriano de la primera mitad del siglo xvii, sobria y con moldurajes simples de tipo geométrico.
La villa contiene varios arcos y portales notables, como el Arco del Calvario, de sillería y construido en 1801, el Portal de Alcalá, el Portal de Cabra o el Primer Portal de Rubielos, curiosa torre-puerta que data de 1380. Otro portal, denominado Nuevo Portal de Rubielos, erigido a finales del siglo xiv y desmantelado posteriormente por dificultar el paso de camiones y carros, fue reconstruido en 1993.
También hay que mencionar el Puente Viejo o del Milagro, construcción de tablero plano, con dos ojos, uno de ellos en arco de medio punto y otro ligeramente apuntado. En la zona del tajamar se alza un pilón con la imagen en azulejos de la Virgen del Primer Dolor.

viernes, 10 de mayo de 2024

 MURALLA DE MORA DE RUBIELOS (Teruel)

Imágenes: 12/11/2022

La Muralla urbana de Mora de Rubielos se encuentra en la localidad del mismo nombre, a 41 kilómetros al este de su capital y cerca del límite con la provincia de Castellón.

De las murallas que rodeaban la ciudad se conservan aún dos torres accesibles

El primer recinto amurallado de Mora data de los inicios de la villa, a finales del siglo XII. Protegía una superficie aproximada de 3,6 ha.,  aprovechando al máximo la configuración topográfica del emplazamiento a fin de incrementar su potencial defensivo. Posteriormente, fue objeto de sucesivas reformas hasta su ampliación, en fechas muy avanzadas del siglo XIV. A partir de ese momento, todo su flanco oriental perdió su funcionalidad original, si bien los restantes flancos se mantuvieron en uso.

Las murallas de la Villa Vieja de Mora rodean una amplia loma delimitada por el río, el barranco del Regajo y el cerro del Castillo. Además del propio Castillo, las estructuras más significativas del mismo son:





Portal de Cabra
SIGLO XVI
Torre-puerta por la que se accede a la Plaza de las Monjas ( o del Mayorazgo), la cual debe su nombre al convento de las franciscanas que albergó el caserón de los Lopez Monteagudo, s. XVI, destacando su alero y la fachada de sillería.
Portal de Cabra exterior

Portal de Cabra interior

Portal de Cabra interior
  • Antiguo portal de Rubielos o de la Plaza: Torre puerta que en origen era similar al portal de Cabra. Hacia 1380 se agregó un cuerpo frontal, sustentado mediante un arco rebajado de sillería.
Antiguo portal de Rubielos o de la Plaza: 

Antiguo portal de Rubielos o de la Plaza: 

Antiguo portal de Rubielos o de la Plaza: 
Portal de Alcalá o de Los Olmos
Puerta flanqueada por sendas, torres unidas mediante un puente en su parte superior. El muro frontal que las une descansa sobre un arco rebajado, siendo de madera la base del puente.
Portal de Alcalá o de Los Olmos

Portal de Cabra y puente de Cabra


Historia
El castillo de Mora de Rubielos fue uno de los emplazamientos pertenecientes a los musulmanes hasta que, en el año 1171, el rey Alfonso II lo recuperó para incluirlo en el orbe cristiano. Perteneció a Juan Fernández de Heredia, hombre que perteneció a una orden militar. En el siglo XVIII pasó a ser ocupado por la orden de predicadores franciscanos.

La fortaleza ha sido escenario de las luchas entre los reinos de Castilla y Aragón. Ocurrió así con uno de los propietarios del castillo, Don Pedro de Jérica, quien se sometió al rey castellano Pedro I el Cruel. Posteriormente, los vecinos de la comunidad, en desacuerdo con él, dejaron las puertas abiertas para que el rey aragonés se hiciera de nuevo con la plaza.
Descripción
De las murallas que rodeaban la ciudad se conservan aún dos torres accesibles y tres puertas de acceso a la villa: el Portal de la Cabra, el Portal de Alcalá y el Nuevo Portal de Rubielos.
Protección
Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949 y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.

 IGLESIA DE SANTA MARÍA DE MORA DE RUBIELOS (Teruel)

Imágenes:12/11/2022

La Iglesia de Santa María la Mayor de Mora de Rubielos (Teruel) 

El edificio se sitúa al pie del castillo, junto al principal espacio público (plaza de la Iglesia) de la Villa Vieja.


El castillo y la excolegiata de Santa María se erigen como símbolos del poder del señorío de los Heredia durante la Baja Edad Media; 





Vista desde el castillo





Es el ejemplo más grandioso del grupo de iglesias aragonesas con planta de una nave y capillas hornacinas. Esta amplísima nave tiene treinta y seis metros de longitud, veintiuno de altura y diecinueve de ancho", siendo, después de Gerona, el segundo templo de nave más ancha de España.
Su cabecera es de triple ábside poligonal de cinco lados, siendo mayor el central, con contrafuertes exteriores. Estos ábsides son más pequeños que la nave, por lo que se abren en el muro oriental que cierra la nave a modo de tres capillas mediante arcos apuntados.
La amplia nave, que consta de cinco tramos, se cubre con bóveda de crucería sencilla, estando toda la nave recorrida por un nervio central; los nervios apean en pilastras adosadas a los muros de la nave. Las capillas se cubren con bóvedas de crucería sencilla, mientras que los ábsides lo hacen con bóvedas nervadas. El tramo más estrecho a los pies se cubre con crucería estrellada, correspondiendo a la gran capilla del coro, que por su bóveda estrellada y por sus ventanas semicirculares pero aún góticas, se realizaría en el XVI.
Los paramentos internos se presentan lisos y sobrios, a excepción de la apertura de las capillas, en arcos de medio punto, y una serie de ventanales en la parte superior de los muros de la nave, de época posterior, bajo los que se abren óculos con tracería gótica en el muro meridional, así como los ventanales apuntados de las capillas y los vanos con tracería de los ábsides.
La capilla del Pilar o del Sagrario, de época barroca, se sitúa en el primer tramo del lado del evangelio posee planta cuadrada, y se abre a la nave por medio de una portada manierista adornada con estípites de estuco. Se cubre con cúpula rematada con linterna, sobre pechinas que se decoran con estucos de los Evangelistas, mientras que el resto se recubre con esgrafiados de gran finura.
Como trabajo de forja destaca del conjunto una interesante reja del siglo XV que cierra el coro. El resto de las rejerías que guardan otras capillas son del XVII.
El elemento más destacado al exterior es su portada abocinada, abierta en el tercer tramo del costado sur; esta portada presenta arco apuntado, con arquivoltas que apoyan en jambas molduradas, cuyo trasdós está decorado con cardinas y grumos; la puerta de acceso al interior se abre en arco carpanel. La portada conserva un repertorio escultórico en los capiteles, que se encuentra muy deteriorado: en ellos podemos ver representados cabezas, animales fantásticos, escudos y decoración vegetal; en el tímpano existía una representación de la Virgen con el Niño, que desaparecieron durante la Guerra Civil.
La torre, obra del siglo XVII, adosada a los pies al lado de la epístola, se eleva junto al coro en el ángulo suroeste de la iglesia. Posee planta rectangular y es una sobria construcción en sillería de cinco cuerpos separados por impostas. Los cuatro primeros carecen de ningún tratamiento a excepción de algunos estrechos vanos a modo de aspilleras, destacando tan sólo el cuerpo de remate, en cuyas caras se abren pares de huecos de medio punto para albergar las campanas; este cuerpo posee remate almenado.
En el lado norte del templo se adosa un claustro de planta casi cuadrada, vinculado a la función como colegial; se compone de arcadas rebajadas que apoyan en columnas ochavadas, con basas y capiteles muy sencillos. El claustro ha sido objeto de numerosas reformas hasta adquirir el aspecto que presenta hoy día.
Al exterior la iglesia muestra un aspecto macizo, con sus sillares bien escuadrados y los gruesos contrafuertes, muy pronunciados y rematados por copetes, que sostienen la colosal nave.
Comentario estilístico
El templo pertenece a la tipología gótico-levantina con elementos de transición renacentistas y consta de nave única de amplias proporciones, capillas laterales entre los potentes contrafuertes, cabecera de tres ábsides poligonales y coro a los pies. La nave central se cubre con bóveda de crucería sencilla, los ábsides con bóvedas nervadas y el coro con bóveda de crucería estrellada. El claustro, realizado a finales del siglo XV cuando se elevó el rango de la iglesia a Colegiata, se adosa al norte de la misma. Se accede desde el tercer tramo del templo en el lado del Evangelio junto a la capilla del Pilar, de estilo barroco. La portada principal abre a la plaza mediante arco rebajado enmarcado por arquivoltas apuntadas. Junto a ella se alza la torre del siglo XVI, de planta cuadrada y remate almenado.
El actual templo parroquial de Mora de Rubielos ha sido objeto de diversas aproximaciones históricas, que han centrado su atención en las proporciones arquitectónicas de su nave principal. Todos los trabajos inciden en la importancia de la anchura de la nave, comparándola con otros ejemplos del gótico levantino, llegando a conclusiones que la sitúan al nivel de obras singulares como la catedral de Gerona. 
La decoración escultórica de la portada principal es uno de los ejemplos más importantes de la escultura gótica conservada en la Comarca. De esta portada se ocupó Cortés Arrese (1985, p.p.132-138), que realiza una prolija descripción de la decoración conservada, a la que habría que añadir los interesantes restos de la pintura del tímpano, un caso no menos interesante de pintura de exterior, que enmarcaría la imagen (hoy perdida) de la advocación principal del templo. Cortes incluye la obra dentro de la escultura del siglo XV, relacionando el conjunto de las obras con la elevación a Colegiata del templo, ya en 1454, pero con una cierta ambigüedad, sin descartar otras hipótesis dentro de la segunda mitad del siglo XIV (CORTES, p.138). 
En la descripción de los motivos decorativos (elementos vegetales y cabezas humanas, como motivo principal), el autor indica la posibilidad de identificar los escudos de la portada con diversas familias vinculadas a la historia de Mora: los Gil de Vidaurre (barras de gules y banda de escudetes bordeando el escudo), los señores de Jerica y detentadores del señorío de Mora inmediatamente antes de la llegada de los Fernández de Heredia. Las armas de los Heredia se encuentran en las capillas de la cabecera.
La portada muy bien podría representar los rostros de la aristocracia local de la villa, acompañadas de los motivos vegetales propios del gótico levantino. Esta parte de la iglesia se podría situar cronológicamente en el entorno de la venta de Mora a los Heredia en 1368, lo que explicaría la presencia de los escudos de los anteriores señores y de los nuevos, máxime cuando existe un periodo de problemática legal al respecto, solventado por las buenas relaciones de la familia con la Corona. En nuestra opinión la cronología de la portada debería retrasarse hacia la segunda mitad del siglo XIV, momento en el que se estarían realizando las obras en la iglesia, en el marco de la reconstrucción general de los templos diocesanos tras la Guerra de los Pedros.


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