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lunes, 1 de abril de 2024

Castillo de Castilnovo en el condado de Castilnovo (Segovia)

Imágenes 17/9/2019 

Construcción Época: Su estructura actual fue erigida entre los siglos XII y XV, con reformas posteriores que datan de los siglos XIX y XX. 

Estilo arquitectónico: Inicialmente de origen Musulmán, se desarrolló como una fortaleza con influencias mudéjares. Con el tiempo, se añadieron elementos neogóticos y neoclásicos, especialmente en el siglo XX.  

Estado actual: Buena conservación

Visitas: El castillo pertenece a propiedad privada y ha sido habilitado para el uso turístico y cultural.

Situación

El Castillo de Castilnovo es un castillo de origen musulmán situado en el Condado de Castilnovo, provincia de Segovia (España), conocido por haber pertenecido y haber sido habitado por el condestable Álvaro de Luna, por Juan Pacheco, marqués de Villena, por los Reyes Católicos, por los Velasco (condes de Castilnovo), entre otros.











Descripción
Su estado actual poco recuerda a la época califal, debido a las múltiples modificaciones a lo largo de la historia, responsables de la amalgama de estilos arquitectónicos que sobre la fortificación se superponen. Es una mezcla entre fortaleza y palacio, de planta cuadrada, en la cual destacan sus imponentes torres, tres prismáticas y otras tres cilíndricas, que pierden reciedumbre al estar adornadas de numerosos balcones y ventanales, algunos encuadrados con alfiz, ajimezados, con arcos de herradura, conopiales y apuntados. En él se puede ver una bella mistura de piedra de sillería, con ladrillos mudéjares y calicanto, todo ello rodeado de una densa vegetación que cubre una buena parte del edificio. Dentro del castillo existe un patio de armas y varias salas museo, así como una biblioteca.
Historia
El origen del castillo está todavía en la penumbra. Algunos investigadores lo atribuyen a Abderraman I, quien lo fundaría en el siglo viii. Otros investigadores se inclinan por atribuírselo a Almanzor en el siglo x. Hasta la fecha, no se han identificado restos arqueológicos de esa época, sino simples referencias literarias a una fortificación (posiblemente una torre de vigilancia) en torno al año 740 d. C.. que se presume podría ser el origen del castillo actual.
En los siglos xii y xiii datamos los arcos apuntados del lado oeste del Patio de Armas. Posteriormente, se fueron adosando las seis torres: Solana, Puerta y Vieja, y más tarde las del Moro, Caracol y Álvaro de Luna.
Alojó al rey Fernando I de Aragón y su mujer la reina Leonor de Albuquerque. Posteriormente el rey Juan II de Castilla hizo entrega del mismo a su valido, el condestable Álvaro de Luna. A la muerte de este, el rey Enrique IV de Castilla entregó Castilnovo a Juan Pacheco, marqués de Villena.
Posteriormente, es adquirido, junto con una gran extensión de tierras circundantes, por el rey Fernando el Católico, creando así el señorío de Castilnovo, el cual cede a su hija natural Juana de Aragón en dote para su matrimonio con Bernardino Fernández de Velasco, I duque de Frías. A la muerte de Felipe el Hermoso en 1506, la reina Juana "la Loca" se hospedó en el castillo de Castilnovo para estar en compañía de su media hermana.
Juana de Aragón muere en 1510, dejando Castilnovo a su marido, el duque de Frías, que tras su muerte en 1512, lo deja en herencia a su hija Juliana Ángela de Velasco y Aragón, quien casa con su primo hermano, Pedro Fernández de Velasco, quien más tarde sucedería como III duque de Frías.
En 1526, el emperador Carlos V encargó a al condestable Íñigo (II duque de Frías) que custodiara al Delfín de Francia y al Duque de Orleans (futuro Enrique II) hijos del rey Francisco I de Francia, como rehenes tras el Tratado de Madrid. El condestable custodió a los príncipes en sus fortalezas de Villaba de los Alcores y de Ampudia. Pero tras su muerte en 1528, su hijo Pedro le relevó en su misión, trasladándolos al Castillo de Castilnovo, y más tarde al de Pedraza de la Sierra, ambos propiedad de su mujer Juliana Ángela, quien se sabe vigiló personalmente por su bienestar.
En 1557, Felipe II concedió el título de condesa de Castilnovo a Juliana Ángela de Velasco y Aragón, en recompensa por sus servicios prestados a la Corona y por la estima que su primo el emperador Carlos V, y su sobrino el rey Felipe II le tenían, como ha quedado patente en la amplia correspondencia intercambiada entre ellos y que se conserva hasta nuestros días en la Biblioteca del Palacio Real de Madrid.
A su muerte en 1559, Juliana Ángela dejó el condado de Castilnovo, el castillo y sus tierras a su sobrina la condesa de Osorno, quien a su vez lo dejó a su hija Juana de Velasco, III condesa de Castilnovo.
Al fallecimiento sin descendencia de la tercera condesa pasó a los condes de Lodosa y más tarde a los marqueses de Belveder.
Para mediados del siglo xix, el dueño del castillo era un príncipe alemán, quien en 1859 lo vendió a José Galofré, secretario y pintor de Cámara de la reina Isabel II, quien intervino el castillo con tendencias estéticas propias del siglo xix.
De José Galofré, pasó por herencia a los marqueses de Quintanar, grandes de España, quienes intervienen nuevamente en el castillo, adosando un ala de estilo "casa rural segoviana" en el siglo xx.
En junio de 1931, el Castillo de Castilnovo fue declarado Bien de interés cultural.
En los años ochenta, los marqueses de Quintanar lo vendieron a una asociación hispano-mexicana, llamada Castilnovo S.A., que durante los 2000 amplió su espacio con un gran salón y una biblioteca española y mexicana. En el año 2016, el castillo salió a la venta por 15 millones de euros, siendo la propiedad más cara de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, contrastando con los 3.5 millones que se pedían por el Castillo de Butrón en el País Vasco. A la muerte del último propietario, el castillo fue removido de su estado de venta para pasar a ser ofrecido en alquiler.



 CASTILLO DE CUÉLLAR (Segovia)

Imágenes 17/9/2019

El Castillo de Cuéllar o Castillo de los Duques de Alburquerque es el monumento más emblemático de la villa de Cuéllar,​ provincia de Segovia, comunidad autónoma de Castilla y León, España. Es Bien de Interés Cultural desde el 3 de junio de 1931.

El recinto murado y el castillo

El recinto murado y el castillo

Entrada Abierta en el antemuro y en su flanco norte se abre una abertura con un arco rebajado que a su vez se protege por un cubo volado y una torre semicircular desmochada y en bastante mal estado. Traspaso el arco se entra en un pequeño patio conocido como "patillo de entrada". 

Barbacana o antemuro La barbacana es un lienzo murado o antemuro construido en mampostería que antecede al propio castillo y que supone una primera defensa del castillo.
Está bien conservado y se compone de una mezcla de distintos estilos arquitectónicos, que abarcan desde el siglo xiii al xviii, aunque predominan el gótico y el renacentista. Se trata de una edificación militar que a partir del siglo xvi se sometió a obras de ampliación y transformación, convirtiéndose en un suntuoso palacio, propiedad del ducado de Alburquerque. En sus diferentes etapas constructivas trabajaron maestros como Juan Guas, Hanequin de Bruselas y su hijo Hanequin de Cuéllar, Juan y Rodrigo Gil de Hontañón, así como Juan Gil de Hontañón «el mozo» o Juan de Álava entre otros.

En este patio se abre la puerta de entrada que desemboca directamente en el patio de armas del castillo. La puerta está formada por un arco conopial decorado en su parte superior por un recercado en forma de alfiz, en el centro del alfiz se encuentra el escudo del rey Enrique IV, a la izquierda de Beltran de la Cueva, y a la derecha el escudo de la primera esposa del duque Mencía de Mendoza y Luna. Sobre la puerta una ventana de vigilancia en forma de matacán volado sustentado por ménsulas ayuda a la protección de la puerta.

 En el lienzo se interponían torres defensivas semicirculares de las que en la actualidad solo restan seis en condiciones. En los cubos se abrian troneras y ventanas defensivas.
Patio de armas Destaca la galería sur por qué en ella se abren dos galerías superpuestas, formadas por nueve arcos muy rebajados por cada uno de sus pisos, apoyados en columnas y un tercer piso formado por dieciocho ventanales. Construida en 1559 en el siglo XVI por Beltrán de la Cueva y Toledo III duque de Alburqueque (duque entre 1526-1560), en este flanco se situaban las habitaciones principales de los duques (comedor, salón de recepciones, salas de descanso etc.). Las salas y habitaciones de esta crujía guardan su correspondencia con las galerías abiertas en el flanco sur que miran al exterior y que son las mas representativas del castillo. En los dinteles que sustentan las arquerías vemos diversos escudos heráldicos del linaje de los duques.
Patio de armas
Fachada sur destaca por la presencia en la parte alta del lienzo de una galería de once arcos de medio punto de estilo renacentista. Dichos arcos miran al exterior del castillo. En la esquina izquierda y complementando la galería un balcón de madera cubierto y abierto al exterior. Por debajo de este balcón otro también de madera pero abierto al exterior sin cubierta alguna. Todos el conjunto de la galería así como los balcones apoyados en un gran número de ménsulas. Los muros exteriores están decorados con esgrafiados de anillos, un tipo de decoración que ya fue usado en el Alcázar de Segovia.
Patio de armas





Entre sus antiguos propietarios, destacan don Álvaro de Luna y Beltrán de la Cueva, así como los sucesivos duques de Alburquerque. Sus huéspedes más ilustres fueron los reyes de Castilla, como Juan I y su esposa la reina Leonor, que falleció en él, o María de Molina, que se refugió en este castillo cuando su reino la rechazaba. También destacan las figuras del pintor Francisco Javier Parcerisa, el escritor José de Espronceda, el general Joseph Léopold Sigisbert Hugo o Arthur Wellesley, duque de Wellington, que estuvo acuartelado en el castillo con una guarnición de su ejército durante la Guerra de la Independencia.

Fue residencia habitual de los duques de Alburquerque durante siglos, hasta que se trasladan junto a la Corte a Madrid, convirtiéndolo en palacio de recreo y vacaciones, desvinculándose así lentamente del edificio, hecho que se acentúa más aún cuando la línea primogénita del ducado se extingue, y la titularidad pasa a la familia Osorio, descendientes de Ambrosio Spínola, marqués de los Balbases. A finales del siglo xix el edificio se encontraba prácticamente abandonado, y fue víctima del pillaje. En 1938 se instaló en él un penal para presos políticos, al que se incorpora después un sanatorio para presos tuberculosos, retomando más tarde su utilización como penal que funcionó hasta 1966.







Torre-Puerta

Situada en el ángulo sureste del castillo, representa el arte mudéjar del mismo. En su origen debió ser una de las puertas de la muralla, y al edificarse el castillo sobre esta, se conservó adaptándola al recinto. Está flanqueada por dos torres unidas mediante un arco, y su cuerpo superior fue construido por Álvaro de Luna, que completó el conjunto con un cubo esquinero de sillería. Alberga seis cámaras que en su origen estaban destinadas a uso militar, y que a partir del siglo xvi se incorporaron a la zona palaciega.





En 1972 interviene la Dirección General de Bellas Artes, llevando a cabo una intensiva restauración, para instaurar en él un centro de Formación Profesional, que tras las nuevas legislaciones de Educación, se convierte en instituto de Educación Secundaria Obligatoria, actividad para la que es utilizado actualmente, entre otros usos.

Situación
El castillo de Cuéllar se encuentra en la cumbre de una colina, en lo más alto de la villa, sobre la denominada ciudadela y cerrando el recinto amurallado. Está situado en el n.º 4 de la plaza del Palacio, a cuya extensión lindan las fachadas norte y este del mismo; la fachada sur con la Huerta del Duque, y la oeste con el Camino de Santo Domingo. Tiene una superficie total de 1025 m² y su punto más alto se localiza en la Torre del homenaje, con una altura de 20 m.
Historia
Primeras noticias
Es difícil atribuir con precisión una fecha segura a la construcción del castillo de Cuéllar. El recinto amurallado ya figura en documentos de 1264, siendo Alfonso X el Sabio quien concede al concejo de Cuéllar la posibilidad de invertir la recaudación de ciertas multas en el arreglo del mismo.​ A pesar de ello, en el paño de muralla sobre el que se asienta el castillo se hallaron, tras una restauración, restos de una muralla del siglo xi.6También de época anterior, quizá de finales del siglo xii o principios del xiii sea la puerta mudéjar que se localiza en la fachada sur del castillo, por lo que las hipótesis más completas sugieren que el castillo debió surgir a la par que el recinto amurallado. La primera noticia en la que se cita el castillo como tal data de 1306, cuando el 2 de octubre de dicho año Fernando IV otorga desde Burgos un documento similar al de su abuelo Alfonso X el Sabio, concediendo el empleo de la recaudación de las multas en el refazimiento del castillo.
Isabel la Católica
Tras la muerte de Álvaro de Luna, el señorío volvió a Juan II de Castilla, y el mismo año en que murió el condestable (1453), se le otorgó a la todavía infanta de Castilla, futura Isabel la Católica, quien ya poseía otros lugares que con el tiempo pasaron a formar parte de la Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar: el señorío de Montemayor. Fue señora de la villa hasta 1464, cuando entraron en la historia local su hermanastro Enrique IV de Castilla y Beltrán de la Cueva.

Nada se conoce acerca de la estructura que mostraba en esa época, y fue necesario que pasara un siglo para volver a tener constancia del edificio, pues no fue hasta 1403 cuando el infante Fernando de Antequera, señor de Cuéllar, otorgó una licencia al concejo de Cuéllar para reparar los muros y el castillo, cuyos gastos ascendieron a 30 000 maravedíes que abonaron los vecinos de Cuéllar y su Tierra.7​ En 1431, Juan II de Castilla concedió un privilegio similar al anterior, según el cual las multas debían ser para el refacimiento de los muros del castillo. El mismo privilegio hace alusión a otro igual que concedió su padre, Enrique III de Castilla, y que no ha llegado hasta nuestros días. A partir de entonces, comenzó un enredoso historial en el señorío de Cuéllar.

 CASTILLO DE LA MOTA (Valladolid)

Imágenes 17/9/2019

El castillo de la Mota es un castillo que se encuentra ubicado en la villa de Medina del Campo, en la provincia de Valladolid Castilla y León, España. Situado en una elevación del terreno (mota), domina la villa y toda su extensa comarca. De él arrancaba un recinto amurallado, ampliado en tres ocasiones, que abrazaba la población, y del cual subsisten algunos restos. Se edificó con el característico ladrillo rojizo propio de la zona, empleándose la piedra únicamente para pequeños detalles, como troneras, escudos, etc. El edificio pertenece al modelo de castillos conocido como Escuela de Valladolid. Fue declarado Bien de Interés Cultural (B.I.C.) el 8 de noviembre de 1904.1​ Una maqueta a escala de este edificio se encuentra en el Parque temático Mudéjar de Olmedo.

Panorámica desde el parking


Mediante la creación de un foso, el castillo podía defender su base de los efectos de la artillería

Entrada, con la puerta desenfilada



La torre del homenaje del castillo, completamente horadada por los mechinales y los impactos de los proyectiles de artillería

Descripción
El edificio actual debe su imagen a un largo proceso de restauración, aún en curso, iniciado a raíz de su declaración como Bien de Interés Cultural (B.I.C.), el 8 de noviembre de 1904.4​ El castillo posee una planta trapezoidal y consta de dos recintos. El primero barbacana es bajo, con cubos en los ángulos y en el centro de cada uno de sus lados. Presenta escarpa hacia el foso, y la puerta se protege por dos robustos torreones, comunicados en sentido vertical. El segundo recinto, mucho más sólido, tiene muros de gran altura y fuertes torreones en los ángulos, destacando por su elevación la torre del homenaje.

La torre del homenaje del castillo, completamente horadada por los mechinales y los impactos de los proyectiles de artillería

Portada en el patio de armas





Torre del Homenaje (s. xv): tiene planta cuadrada y mide 38 m de altura y 13 m de anchura en cada lado de su perímetro exterior. Unida a los muros del segundo recinto, forma el ángulo norte del mismo, defendiendo la puerta de entrada que da al patio de armas. En la actualidad consta de cinco plantas. La primera y segunda están reconstruidas, son octogonales, con bóveda plana. La tercera, también reconstruida, es un cuadrado con bóveda de plena cimbra. Sobre éstas se encuentra la más bella e interesante de todas, reformada por una estancia de planta cuadrada que se transforma en un octágono por medio de semibóvedas de aristas o trompas, que cierran los ángulos del cuadrado y después de un polígono de 16 lados montado en una arquería volada de planta triangular, abriéndose cada arquito sobre una base que va disminuyendo desde arriba hacia abajo hasta terminar en punta. También de planta cuadrada y bóveda de claustro es la estancia del piso más alto, transformándose en un octágono por medio de unas pechinas planas situadas en los ángulos del cuadrado. En la plataforma de la torre hay matacanes a lo largo de cada una de sus fachadas, protegidos a su vez por ocho garitones que forman ángulos entrantes en esta. En el centro se levanta una torre caballero de arcos de medio punto.
Capilla (s. xx): dedicada a santa María del Castillo; es de estilo románico-mudéjar, sugerida por F. Justo Pérez de Urbel. Sobria y serena de líneas, ajustada a las normas de la más pura liturgia y simbología cristiana. En el altar mayor hay un sencillo retablo con bajorrelieves que representan a seis santos españoles:


Sótanos

Patio de armas (s. xx): Es una construcción que se organiza por medio de tres crujías que se abren al patio por una serie de arcos apuntados, reproduciendo las trazas originales de las dependencias del castillo. La portada gótica es un vaciado de la que mandó poner Beatriz Galindo, la Latina, en el Hospital de la Latina que llevaba su nombre ya que fue su fundadora. El original de esta portada es obra de un artista árabe, el alarife Hazan. Está hecha al gusto musulmán, como lo indica la curva del arco de ingreso, que luce una decoración de bolas, estatuillas bajo lindos doseles y realzando el conjunto una airosa ventana, todo ello encuadrado dentro de un alfiz de tipo naturalista. Se representa el abrazo de san Joaquín y santa Ana ante la Puerta Dorada, los timbres de los Ramírez y los Galindo, y estatuas de dos santos. La colocación de esta portada en el patio de armas se debe al Marqués de Lozoya.
Capilla (s. xx): dedicada a santa María del Castillo; es de estilo románico-mudéjar, sugerida por F. Justo Pérez de Urbel. Sobria y serena de líneas, ajustada a las normas de la más pura liturgia y simbología cristiana. En el altar mayor hay un sencillo retablo con bajorrelieves que representan a seis santos españoles: san Raimundo de Fitero, Santiago Apóstol, san Fernando, santa Teresa de Jesús, san Isidro y san Isidoro. También hay un sagrario de plata de forma basilical y líneas románicas. Corona este retablo un Cristo de marfil del siglo xvi con cruz de forja. En los laterales hay dos imágenes: santa María del Castillo y san José, obra del escultor José Clara, son conocidas como el "grupo de la Mota", están talladas en un tronco de cerezo cuya tonalidad armoniza con el ladrillo de la construcción. En el lado izquierdo del crucero hay un tríptico flamenco que unos críticos atribuyen a Memling y otros a Jan van Eyck (es propiedad del Hospital de la Inmaculada Concepción y san Diego de Alcalá, Patronato de Simón Ruiz Envito, de Medina del Campo). En el lado derecho hay una talla de santa Teresa del siglo xvii, procedente del taller de Gregorio Fernández. En la zona de los pies de la capilla hay una tabla catalana con influencia italiana del siglo xv. La losa del primer sepulcro de José Antonio Primo de Rivera cuando descansó en El Escorial forma parte del suelo.
Vestíbulo (s. xx): está decorado con una copia de la carta de Juan de la Cosa, pintada por Viladomat sobre tela, reproducción de la del Museo Naval de Madrid, y una talla de madera procedente de Haití. Es un tronco que representa a un indígena con tambor y dos figuras laterales.
A la planta noble se accede por una escalera de Honor, de estilo neogótico flamígero, copia también de la del Hospital de la Latina citado. En esta planta se encuentra el salón de Honor, con acceso a una de las torres rectangulares, una pequeña sala de siete m de longitud por dos de anchura llamada "el mirador o peinador de la Reina", en recuerdo de Juana la Loca, donde dicen que se pasaba largas horas esperando el retorno de su amado esposo. Está cubierta con bóveda ojival de cañón seguido, orlada de tercerías góticas y rosetones; en ella quedan restos de la primitiva policromía. En los tímpanos de la bóveda campeaban los emblemas de los Reyes Católicos, que en la actualidad apenas se perciben. El salón está decorado con yeserías que representan los mismos símbolos que hay en el mirador de la Reina.

Historia
La villa debió de ser repoblada entre los años 1070 y 1080, fortificándose primeramente el recinto de la villa vieja, conocido como La Mota. Con el crecimiento de la ciudad, el recinto de La Mota quedó convertido en una fortaleza independiente de la propia villa. Así, en 1354 Enrique de Trastamara y sus partidarios combatieron la villa, «e entráronla por fuerza. E estaban en Medina seiscientos de caballo que el rey don Pedro enviara allí, e acogiéronse a la villa vieja, e pleytearon que los pusiesen en salvo».
En 1390 Juan I dona la villa a su hijo el infante Fernando de Antequera, futuro rey de Aragón. De esta forma, a su muerte en 1416, Medina y su Mota pasan a poder del infante de Aragón, Juan. Este debió de hacer alguna obra en el viejo recinto, por la que en 1433 condenaba a ciertos vecinos a pagar dos mil maravedís «para la obra de nuestro alcazar e fortaleza que nos mandamos facer en la Mota»”. Los enfrentamientos entre Juan II de Castilla y los Infantes de Aragón propiciaron que la villa estuviera en ocasiones dividida entre uno y otro bando, dominando los aragoneses la Mota y el rey el palacio de la plaza. En 1439 el infante de Aragón había mandado «cerrar todos los portillos y poner guardas a las puertas y en la villa», encerrando al rey en ella. En 1441 era, sin embargo, el rey de Castilla el que dominaba la villa y cercaba La Mota, donde se habían refugiado los partidarios de Aragón con «250 hombres, sin víveres y muy poca agua y de malos pozos», llegando a un acuerdo para rendirla cuando el rey la «comenzaba a minar».
Después de la batalla de Olmedo de 1445, La Mota quedó definitivamente en manos reales y hacia 1460 ordenó Enrique IV de Castilla la construcción de «una torre que luego fue la causa de multitud de desgracias». En 1464 entrega la tenencia de La Mota al arzobispo de Toledo, Alonso Carrillo, que poco después le traiciona y apoya al rebelde príncipe Alfonso. El rey fue entonces sobre Medina «y llegó antes de que amaneciese, donde Alonso de Vivero, que era alcaide della y tenía la Mota, que es la fortaleza, por el arzobispo de Toledo no le quiso recibir y el rey mando quedar gente de guarda sobre ella que la cercasen y por capitán (puso) a su contador mayor Pedrarias Dávila», que la tomó. En 1467 La Mota estaba otra vez en manos de los partidarios del príncipe don Alfonso, apoyando la villa a Enrique IV, pero finalmente toda la villa cayó en manos del príncipe. Muerto este en 1468, la rebelión la encabeza su hermana la princesa Isabel, que ese mismo año firma con el rey el acuerdo de los Toros de Guisando. En él se estipula que Isabel reciba la «villa de medina del campo e alcazar e fortalezas della e con la torre de la mota». Sin embargo, en 1470 el rey le quita Medina a su hermana Isabel para dársela a su hija, la princesa Juana. La Mota quedó entonces en manos de un partidario del rey, el arzobispo de Sevilla, Alonso Fonseca, hasta su muerte en 1473.
En esta fecha, los medinenses, con la ayuda del alcaide de Castronuño, habían cercado La Mota y pretendían derribarla. El sobrino del arzobispo, que la defendía, viendo la imposibilidad de mantenerla pactó con los medinenses su entrega al duque de Alba. El duque la retuvo hasta 1475 y debió de hacer algunas pequeñas obras en el interior, gastando en ellas algo más de 45 000 maravedís. En 1475 la corona reclamó La Mota y el 20 de febrero le ordenan a Francisco Girón, el alcaide, que la entregue a Alfonso de Quintanilla, enviado por los reyes. Es a partir de esa fecha cuando se construye la barrera artillera, «en tiempos de las guerras del rey de Portugal, ocho o nueve años poco más o menos tiempo mientras duró la obra de la barrera», según la declaración de un testigo preguntado en 1505. Se conservan algunas cuentas de estos años con pagos al maestro de Abdalla, posiblemente el principal alarife de la obra, al maestro Alí de Lerma «ingeniero» y al maestro Fernando. También se conservan cuentas de las obras en los últimos cuatro años (1479-1482), cuyo montante se aproxima a los tres millones de maravedís. La barrera debía de estar acabada en 1483, figurando esa fecha en el escudo que se conserva sobre la puerta principal de esta y en el que aparecen las armas de los Reyes Católicos sin la granada y el yugo y las flechas, sus divisas.
Posteriormente, el castillo se convirtió en prisión de Estado y en él estuvieron detenidos distintos personajes, tales como Hernando Pizarro, Rodrigo Calderón, el duque Fernando de Calabria, César Borgia o el conde Aranda. Quizá el hecho más destacado sea la huida de César Borgia, el llamado duque Valentino, hijo del papa Alejandro VI (Rodrigo Borgia), y a quien el Gran Capitán hizo prisionero en Nápoles, enviándole primero al castillo de Chinchilla, en la actual provincia de Albacete, de donde intentó escapar mediante una estratagema, no sin antes querer arrojar por las almenas a su alcaide y guardián, Gabriel de Guzmán, quien se libró de muerte segura gracias a su agilidad y fortaleza. Tras el fallido golpe, el Rey Católico ordenó el traslado de Borgia al castillo de la Mota, custodiado esta vez por el alcaide Gabriel de Tapia. Pasado un tiempo de rigurosa prisión, aunque propia de un personaje de su alcurnia, maquinó una nueva fuga con la complicidad exterior del conde de Benavente, Rodrigo Alonso Pimentel, enemigo del Rey Católico, y las ayudas interiores del capellán y algunos criados. La noche del 25 de octubre de 1506 se descolgó mediante sogas de la torre del homenaje. La soga no alcanzaba al suelo, de forma que el último tramo tuvo que salvarlo saltando. En unión del conde de Benavente, llegaron en secreto a Villalón, donde se ocultó unos días (se ofrecían diez mil ducados por su captura). Luego pasaron a Santander para eludir el cerco que el Rey Católico había dispuesto para su captura, y desde allí se trasladó a Navarra, cuyo rey Juan III de Albret era hermano de su esposa francesa Carlota.
Durante la guerra de las Comunidades en 1520-1521, la fortaleza permaneció fiel a la corona, pese a que Medina era comunera y controlaba el parque de artillería. «Un regidor llegó a decir que se utilizase el artillería para derrocar la Mota» e incluso, «cuando los de la Junta (comunera) llegaron a Medina desde Ávila, también acudieron a ellos unos 2000 hombres pidiendo que tomasen la fortaleza», pero gracias a la habilidad diplomática del alcaide, que tenía guarnecida la fortaleza, no llegaron a atacarla.
Después de la Guerra Civil Española, el general Franco entregó el castillo como sede central a la Sección Femenina del partido FET de las JONS. Previamente, el 29 y 30 de mayo de 1939 se celebró ante el castillo una concentración de 10 000 muchachas uniformadas —con boina roja y camisa azul de Falange—, a la que también acudió el Caudillo acompañado de la guardia mora. En un discurso patriótico, Pilar Primo de Rivera solicitó el castillo a Franco como sede de su escuela de mandos, y la prensa informó de la instalación de una cruz de «22 metros de altura» situada «ante las murallas de la fortaleza» así como de una corona de laurel, hecha con hoja de lata repujada, con «4,40 metros de diámetro». Del evento se emitió un sello conmemorativo.2​ Entre 1939 y 1942 se acometieron las obras de restauración, y el 29 de mayo de 1942 se escenificó la cesión de la fortaleza a la Escuela Mayor de Mandos de la Sección Femenina en otra grandiosa celebración con más de 10 000 asistentes. El acto fue presidido por el Generalísimo Franco —vestido con el uniforme de jefe nacional de Falange—, acompañado de personalidades como José Ibáñez Martín, Pedro Laín Entralgo, José Luis Arrese, Ramón Serrano Suñer o Dionisio Ridruejo. El dictador pronunció un discurso en que elogió la política de Isabel I como «revolución totalitaria y racista, al final, por ser católica» y arremetía contra la política liberal y de partidos del periodo anterior. Las nuevas dependencias fueron bendecidas por el arzobispo de Valladolid, Antonio García y García, acompañado por fray Justo Pérez de Urbel. La Escuela Mayor sería clausurada mediante Real Decreto en enero de 1977.

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